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22M: Dignidad y lucha ciudadana

“En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos”.

Manifiesto 22M, Marchas por la Dignidad

Para muchos ciudadanos el 22M comenzó mucho antes de las 17.00 horas del sábado 22 de marzo. Para un buen número de personas, las conocidas como las Marchas Por la Dignidad habían comenzado un mes antes, cuando muchos salieron de sus pueblos y ciudades a pie, repartidos en seis columnas ciudadanas que han atravesado la geografía española por todos sus puntos cardinales para hacer llegar el mensaje de la dignidad, de la necesidad de cambio que, eso que algunos llaman “mayoría silenciosa” quiere para un país como este.

Aunque la concentración de las marchas en Atocha estaba convocada a las 17.00 horas, desde antes de las 16.00 ya había un número considerable de personas, y algunas columnas como la extremeña o la andaluza ya habían llegado, además de diversos grupos de colectivos sociales. En el 22M no había mareas de colores diferenciadas, aunque todas estaban allí.

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La organización cifra en, aproximadamente, dos millones las personas que se concentraron en Madrid a lo largo de casi dos kilómetros y medio. Pasadas las 17.00, en Atocha no cabía un alfiler y eso que algunas columnas, como las asturiana, ya habían empezado a subir por Recoletos, la marcha tenía que avanzar cuanto antes por una mera cuestión de espacio.

A lo largo del recorrido, los colectivos ya conocidos del actual activismo social español, como la marea verde de estudiantes, feministas contra la ley del aborto, diversos colectivos republicanos, los incombustibles iaioflautas, grupos y asociaciones de inmigrantes, los bomberos de Madrid, el 15M, Podemos, Frente Cívico, Sindicato de estudiantes, Foro por la Memoria, CNT, Izquierda Unida y otros partidos políticos de esos que tratan de romper el bipartidismo imperante, se entremezclaban con ciudadanos anónimos, que sin ir en representación de ningún grupo concreto, habían salido de sus casas para unirse al sentimiento común de que algo tiene que cambiar en España.

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Mujer

Virginia, representante del Frente Mujer del Partido Comunista de Madrid en Arganzuela, tenía las cosas muy claras con respecto a por qué estaba allí, y así nos lo contaba sentada en el césped de una mediana de Atocha, a donde había llegado desde la plaza de Oporto con la columna extremeña.

Estoy aquí porque el ataque que estamos sufriendo la clase obrera es brutal. En España se está imponiendo un modelo económico y político neoliberal que supone la pérdida de derechos absolutos por parte de la clase trabajadora, no solo de derechos laborales sino de derechos sociales como una educación pública, una sanidad, el concepto de Estado como responsable de ti ante cuestiones importantes como el paro, la dependencia, etcétera. Yo creo que estamos viviendo un punto de inflexión en la historia de España, dentro del denominado modelo de la Transición que yo creo que ahora está llegando a su fin. Realmente ahora estamos viendo lo que nos han impuesto desde la Unión Europea, un modelo económico que nos va a llevar a la precarización absoluta de la clase obrera y al pago de una deuda que es ilegítima y que nos va a suponer mucho sufrimiento para los trabajadores y las trabajadoras, y también para futuras generaciones.

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También nos habló del papel de la mujer en la lucha social española, y de su situación con respecto a la crisis.

Estamos viviendo en un retroceso, aunque el concepto de sociedad patriarcal no ha desaparecido y que el machismo es una lucha constante que vive la mujer, si es verdad que con estas crisis económicas, con la implantación de este sistema neoliberal, el retroceso de la mujer es alucinante. Nos encontramos en una coyuntura de paro brutal en la que la que sufre las peores consecuencias es la mujer, que quedan abocadas a trabajar en el hogar. Otro aspecto interesante que debería tenerse en cuenta es cómo ha aumentado el número de mujeres que se ven obligadas a prostituirse, yo creo que eso es un verdadero drama, porque la prostitución es uno de los factores más brutales de la violencia de género. En momentos de crisis, la que sufre doblemente es la mujer, y se tiene que tener muy encuentra que la única forma de conseguir la igualdad es salir a la calle.

Trabajo

No menos clara que Virginia fueron Raúl y Fernando, dos amigos que acudieron a la manifestación en representación de sí mismos y de su propia situación, que es la que viven tantas personas en este país:  la de tener una formación cualificada y no poder trabajar. Raúl lo dejaba muy claro en la pancarta que portaba, que decía “ni comunista, ni antisistema, ni proetarra. Ingeniero en paro. Marca España”. Estos jóvenes no descartan la idea de irse al extranjero a buscar un futuro mejor como tantos otros ya han hecho, pero de momento, el 22 de marzo, se encontraban en Madrid luchando y contándonos su perspectiva de la actual situación.

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Raúl: Somos personas formadas, con una experiencia, y nos vamos a tener que ir de este país, o no vamos a poder trabajar, o trabajaremos por mil euros. Eso es lo que nos queda a personas preparadas y con experiencia. Yo defiendo como alternativa un tercer voto, todos los indignados tendríamos que votar a un tercer partido alternativo, o bien llegar a una posible revolución, que supongo que no es lo que queremos. Todo el mundo piensa si todo esto servirá de algo, a mí me gustaría pensar que todo esto sirve de algo, y para eso la gente debe saber que viniendo aquí posiblemente el sistema podría cambiar. Yo propongo un voto alternativo. Tendríamos que, dentro de la democracia, votar a un tercer partido que nos proponga cambiar la Ley de Partidos, cambiar la Constitución, y dejarnos ya de que uno es de izquierdas, otro es de derechas. Las soluciones, son soluciones.

Fernando: Si no nos dejan más alternativas tendremos que irnos fuera. Lo que pasa es que es una pena que estén dejando este país como un sitio de veraneo para los alemanes. Estamos al final regalándoles las empresas, regalándoles el trabajo por dos perras y al final parece que el Gobierno está a favor y parece que no van a poner ningún freno. Entiendo una posible revolución en el sentido de que ha habido grupos políticos a los que tradicionalmente les ha votado todo el mundo, son los que tienen el poder, pero está visto que tanto unos como otros pecan de los mismos defectos en problemas de corrupción, así que votar a otra alternativa diferente a las que se han votado todos estos años sería revolucionario. Estamos a tiempo de cambiar el sistema de producción en España y comenzar a planificar un poco la industria, el tipo de oferta laboral que tenemos, que se está limitando a temas de turismo y poco más, porque nos han desmantelado las navieras y fábricas. Habría que proponer un sistema que no se base solo en la construcción y el veraneo, algo un poco más sólido.

Universidad

No son los únicos que viven una situación difícil en “edad de merecer”. Los universitarios españoles no tienen perspectivas mucho mejores y observan como su futuro se aproxima peligrosamente hacia la precariedad, el paro o el exilio, después de muchos años entregados al estudio a los que, desde la imposición de la subida de tasas de la última reforma educativa capitaneada por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, se suman importantes cantidades de dinero desembolsado. La Universidad española también estaba el sábado en Madrid. Lola y Silvia, estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, nos contaban así su perspectiva de la situación de la Universidad española, que sin duda tiene mucho que decir en materia de cambio social.

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Lola: En este país últimamente no se puede vivir, y a parte de no poder vivir, no podemos estudiar, y yo creo que es un derecho. Además somos gente muy válida que queremos conseguir nuestros estudios y afrontamos una subida de tasas irracional. En nuestro máster se han dado casos de abandono, sobre todo a raíz de que no se concedieran las becas previstas. Personas que querían estudiar y que requerían esa ayuda para poder proseguir sus estudios, han tenido que abandonarlos. Creo que vamos hacia una desigualdad social absoluta. Ya no vamos a poder acceder a los estudios en función de que seamos personas válidas sino en función de la cartera que tengamos, así va a haber una merma en los recursos humanos de este país. Supongo que estiman que no vamos a protestar y que nos vamos a quedar en casa aguantando sus medidas por injustas que sean, pero me parece que no, me parece que hay mucha valía en esta país como para que se salgan con la suya.

Silvia: La Ley de Educación del ministro Wert es completamente anacrónica, muy injusta, y rompe completamente con la universalidad de derechos. Una ciudadanía que es más inculta es más manipulable y por tanto pueden manejarla a su antojo y conseguir todos los objetivos que se propongan. A la gente que ha querido quedarse en casa y no está hoy aquí les diría que no se desanimen, que todos los derechos que tenemos hoy en día no se han conseguido quedándose en casa, que la gente tiene que movilizarse, que tenemos que tener conciencia social porque si no estamos perdidos.

República

Una de las banderas que más se observaba sobre las cabezas de los asistentes era la tricolor republicana. La llevaban colectivos republicanos de marcada tradición en la lucha por y en defensa de un cambio de régimen hacia un sistema republicano, como el Foro por la Memoria, Republicanos, Alternativa Republicana y otros. Pero también otros tantos ciudadanos ajenos a formaciones políticas republicanas portaban banderas republicanas. Pudimos hablar con Vicente y Alfredo, dos hombres que marchaban juntos con sendas banderas tricolor: uno le llevaba en su mástil, otro a modo de capa, sobre los hombros, y hablaban de ella con destacado orgullo.

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Vicente: para mí particularmente esta bandera representa mucho, porque la bandera de la República representa la igualdad entre las personas, cosa que en un país democrático como España, ahora mismo no somos, porque tenemos una monarquía que no la ha votado el pueblo. Nosotros reivindicamos la igualdad entre las personas, independientemente de donde nazcan, crezca, o sean hijos de quien sean. Nuestra lucha diaria se trata de involucrar a cuanta más gente mejor para demostrar que la República, aunque no es la panacea de todo, pero sí que es más igualdad entre las personas y un mundo más justo. Luchamos por eso.

Alfredo: para mí es la bandera de la democracia. La otra bandera yo la asocio a la monarquía y un gobierno anterior, a la dictadura. Yo creo que veremos la República pronto, a lo mejor es más un deseo, pero yo creo que sí. A la gente joven la veo muy concienciada porque aquí veo mucha gente joven, y a mí eso me sube la moral. El mundo lo tiene que cambiar la juventud, la gente joven es la que tiene fuerza y tiene que hacer realidad otro mundo posible, otro mundo mejor donde la gente viva como personas dignas, como seres humanos.

Lucha ciudadana

No podían faltar, por supuesto, la representación de las personas mayores que ya lucharon por España cuando las causas eran otras, que ya vieron caer regímenes como el de Franco, y le empujaron a su caída incluso. Los luchadores más incansables de la historia de España estaban allí, en una mediana del paseo de Recoletos, ya cerca de Colón. Algunos sostenían una pancarta y otros descansaban sentados en la mediana. Tuvimos la suerte de poder hablar con María del Carmen, en representación de los Iaioflautas, que había venido desde Barcelona y hablaba con decisión sobre el papel de su colectivo, y sobre la necesidad de superar la pasividad de la juventud española.

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María del Carmen: He llegado esta mañana desde Barcelona. Estamos aquí porque siempre hemos sido muy luchadores. Casi todos o todos los que estamos aquí hemos vivido el franquismo, y hemos vivido una represión terrible. Luego hemos pasado a una democracia que se la están cargando pero a zancadas. Por eso la lucha que empezamos no era solo por nosotros sino por nuestros hijos y nuestros nietos, pero a parte ahora tenemos que incluirnos a nosotros porque nos están jodiendo las pensiones. Los jóvenes sois muy pasivos, en cada movilización a la que vamos, y estamos yendo a todas las de cultura, a todas las de sanidad, las de educación, si que hemos observado que la juventud estáis muy pasivos, muy muertos, tenéis que tener más brío, que son vuestros derechos. Nosotros ya hemos luchado toda nuestra puñetera vida, y ahora estamos luchando precisamente por los niños y los jóvenes, que os están haciendo la puñeta a base de bien.

Con estos mensajes, en representación de diversas situaciones provocadas por los distintos aspectos de esta crisis y su gestión desde el gobierno, hemos querido dar una idea de la diversidad de opiniones que confluyeron en el 22M. Mucho se ha hablado ya en otros medios de la represión posterior a la manifestación, que en esta ocasión comenzó incluso antes de que terminase el acto de la Plaza de Colón y que se ha saldado con más de una veintena de detenidos, y cerca de cien heridos. Desde Miradas por el Desarrollo hemos preferido incidir en los contenidos de la manifestación para que la acción represora no nos desvíe del mensaje central del acto: algo tiene que cambiar, España quiere dignidad, quiere justicia, renuncia al pago de una deuda ilegítima, y propone soluciones desde diferentes colectivos. El 22M, una vez más, dos millones de personas devolvieron la fe en aquello del “sí se puede”.

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Con toda nuestra solidaridad para los detenidos, esperamos su pronta puesta en libertad.

Alba Sánchez Serradilla

Fotografía: Ruth García Hernández

 

 

Mujer sin sumisión

Todavía resuenan en la memoria más reciente de la sociedad española, el alboroto creado (y más que justificado) ante la publicación de ‘Cásate y sé sumisa’. Un libro traducción de otro firmado por la italiana Constanza Miriano y que ha sido publicado por el arzobispado de Granada.   La sinopsis de este libro afirma barbaridades tales como “Ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión. Y, entre nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo.”

 
Este mensaje es el que se ha lanzado en una sociedad en la que en la última década se ha contabilizado la escalofriante cifra de 700 mujeres muertas a causa de la violencia de género. En un país que se ha visto marcado desde hace años por el machismo más aberrante, definido con ejemplos como el que una mujer no pudiera abrir una cuenta en el banco sin el consentimiento de su padre, su marido o algún varón de su familia. Este hecho que algunos tacharán ‘de no ser para tanto’ solo recuerda lo poco que se ha avanzado en Igualdad, tangible y real en un país ‘desarrollado’ como se supone que es España.

 

 
Desde Occidente se mira con un cierto sentimiento de superioridad a los países árabes, en los que clara e injustificablemente se están violando los derechos más fundamentales de la mujer. Un ejemplo ello es el tema del burka o velo, pero pocos recuerdan que en España hace solo unos años, en plena dictadura, las mujeres también se cubrían con velo para ir a la Iglesia y se recriminaba a las que vistieran de forma poco decorosa.

 

De:  Flickr-balazsgardi
De:
Flickr-balazsgardi

 
En la actualidad, quizás uno de los peores países para ser mujer es  Afganistán. En este Estado asiático, las mujeres afganas no solo tienen que lidiar con un escenario bélico, de ataques de drones casi diarios, sino que además sufren violaciones por parte de los soldados y son encarceladas acusadas de ‘crímenes contra la moral’, tal como recoge la ONG Human Rights Watch en su informe “I had to run away. Women and Girls Imprisoned for Moral Crimes in Afghanistan”.  Estos supuestos delitos que llevan a estas mujeres y niñas a las cárceles afganas son en su mayoría casos de huidas de matrimonios forzados, escenarios de violencia doméstica, víctimas de violaciones, proxenetismo o simplemente condenas por haber  mantenido relaciones sexuales fuera o antes del matrimonio. Esta criminalización tan injusta de la mujer, que pasa de víctima a acusado de un delito,  ha tenido lugar en un escenario en el que debido a las características del régimen talibán, imperante hasta 2001, y del posterior caos bélico, la mujer ha sido condenada a un papel de absoluta sumisión a la figura masculina. Tratadas poco más que como animales sus derechos han sido pisoteados, día tras día, por el simple hecho de ser mujeres y tener que mostrar obediencia absoluta a los varones.

 
Como en todo, esta injusta desigualdad que sufre la mujer afgana tiene sus variantes si se mira a la capital, Kabul, o a las zonas más rurales del país asiático. La ciudad parece albergar un poco más de libertad para la mujer que el campo, pero no demasiada, quizás la cantidad y diversidad de población hacen que las miras de y hacia la mujer se abran un poco. “En Kabul puedes ver algunas escuelas, mujeres en la vida pública que trabajan, pero cuando dejas la capital, es difícil encontrar a chicas en la escuela o trabajando”, aseguraba la activista afgana Mariam Rawi en un artículo que recoge la organización RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan).

 
“Cuando una mujer aprende simplemente a leer y escribir, se siente mejor, más fuerte, capaz de tomar decisiones por ella misma y su familia”; añadía  Rawi mientras señalaba el caso de países como India, Pakistán o el propio Afganistán donde “las mujeres nunca supieron sobre sus derechos, lo que pueden y son capaces de hacer, el problema es la falta de información”. Ejemplos claros de cómo se cambió la educación por la sumisión; la igualdad por una falsa fe y obediencia al varón, pues lo injusto de la situación muestra que es el miedo lo que relega a esa posición de inferioridad obligada a la mujer.

 

De: UN
De: UN

 
Tras este balance es evidente que a la mujer afgana le queda mucha lucha por delante y muchas batallas por ganar en el  ámbito de la Igualdad. Por suerte no están solas porque las barbaries traspasan fronteras y el movimiento de solidaridad femenina trabaja local, regional y globalmente en ello.  Sin embargo, también a la mujer occidental, y en concreto a la española, le quedan muchas batallas por pelear. Pues todavía alguna rancia voz nos señala que tenemos que ser sumisas, cuando en realidad debemos luchar por una plena y real Igualdad, en la que nuestros derechos sean respetados no por miedo a un posible castigo, sino porque la sociedad ha interiorizado que es de justicia universal la total Igualdad entre hombre y mujer. Y porque la mujer nunca será sumisa, la mujer es y será LIBRE.

 

Ruth García Hernández

La mujer de ébano y la fortaleza

Cada vez que se habla de África una imagen estereotipada viene a nuestra mente: el niño desnutrido, la mujer mutilada y/o violada, los niños soldado, las largas filas de refugiados en los campamentos, los hombres con más armas que vestimenta, la tierra agrietada por la falta de agua, los poblados destruidos por la violencia, las costillas marcadas por los estragos del hambre… Ésta es la imagen que durante años y por diversos medios se nos ha dado de un continente tan inmenso como África, con una población aproximada de mil millones de personas, y con una diversidad cultural, religiosa y étnica que desmiente cualquier generalización e idea preconcebida.

Sin embargo, África esconde otras noticias y experiencias que demuestran al mundo la fuerza de un pueblo al que se le ha dado la espalda durante años. Es especialmente esperanzador el papel que están tomando las mujeres africanas en la etapa que protagoniza dicho continente en el reciente siglo XXI. Hartas de injusticias, conflictos, violencia y la inestabilidad impuesta por factores ajenos a sus comunidades, la mujer de ébano planta cara a esta incoherencia de vida que les ha tocado vivir.

The Advocacy Project en Flickr
The Advocacy Project en Flickr

Este es el caso de las mujeres malienses, quienes recientemente han podido ver cómo su país se ponía en el punto de mira de la comunidad internacional, especialmente de su antigua potencia colonizadora Francia, como nuevo escenario de la llamada guerra contra el terrorismo internacional. Como en muchos casos de operaciones militares en territorios extranjeros, se ha apelado a la defensa de los derechos humanos y en especial de grupos en situación de vulnerabilidad como pueden ser las mujeres. Esta bandera de la hipocresía ha chocado con un grupo de mujeres africanas, quienes a finales de 2012 lanzaban un comunicado diciendo “NO! A la guerra impuesta por otros”.

En este texto, las firmantes argumentan en siete interesantes puntos (la negación de la democracia, la vulnerabilidad de las mujeres en zonas de conflicto, las incoherencias de la comunidad internacional, el estatuto de rehenes, la guerra interpuesta, la mundialización de los males y de las redes y la perspectiva ‘Bandenya’ como alternativa a la guerra) su rechazo al conflicto que amenaza su país y sus vidas. “Nuestras armas deberán ser la lucidez y la madurez política en este mundo sin fe ni ley. No hay ninguna razón para que Mali se comprometa en un terreno en el que tanto Francia como Estados Unidos se retiran, a pesar de la potencia armamentística de la OTAN. A la economía de la guerra, nosotras, las mujeres de Mali, oponemos la economía de la vida aprovechando la transición en curso como una ocasión histórica de hacer frente al triple desafío del saber, de la ciudadanía y del diálogo (…)”, aseguran en el manifiesto.

 
Pero las mujeres de Malí no están solas, otras voces de ébano surgen desde el corazón de África, desde una de las tierras más ricas en minerales del mundo, desde un territorio condenado a un eterno conflicto. Son las voces de miles de mujeres congoleñas que desde su exilio forzoso claman por el futuro de su país. Ellas que dejaron la República Democrática del Congo huyendo de la violencia, de la guerra, de la inestabilidad constante; Ellas han unido sus voces en una misiva dirigida al embajador estadounidense Johnnie Carson, Subsecretario saliente de Estado para Asuntos Africanos del Departamento de Estado. En este llamado, que recoge Rebelion.org, la Diáspora Congoleña de Mujeres Inmigrantes, Refugiadas, y Buscadoras de Asilo en Bélgica, Canadá, Francia, Sudáfrica, Reino Unido y los Estados Unidos critica la falta de responsabilidad y la posición neocolonialista que asume EEUU en el país, favoreciendo la respuesta armada, dejando de lado los intereses y seguridad de los propios congoleños.

 

“Los Estados Unidos actualmente favorecen una agenda militar, subvirtiendo la institucionalización y promocionando la violencia armada como única forma de acceso al poder político y económico en la región de los Grandes Lagos de África. Estamos preocupadas de que Estados Unidos no esté avanzando decididamente en señalar a Ruanda y Uganda como responsables por su apoyo a las guerras por intermediación y a los crímenes cometidos en la República Democrática del Congo”, señalan por un lado mientras no olvidan los verdaderos motivos e intereses internacionales de intervención en la región. “Los consecutivos conflictos armados que han tenido lugar en la República Democrática del Congo son guerras por intermediación financiadas por corporaciones multinacionales para el acceso ilegal y el control de coltan, casiterita, berilio, niobio, andesina, europio rutenio (usado en la industria aeronáutica y espacial), petróleo, diamantes, oro, zinc, cobalto, cobre, plata, cadmio, uranio, y otros raros y nuevos metales de excepcional concentración en el suelo de la República Democrática del Congo. La explotación de estos recursos naturales es frecuentemente llevada a cabo en condiciones inhumanas y peligrosas por hombres, mujeres así como por niños quienes son explotados, tratados sin dignidad humana y frecuentemente forzados a trabajar a punta de pistola”.

KOLODIMBA001 de Gonzalo Hóhr Zamora en Flickr
KOLODIMBA001 de Gonzalo Hóhr Zamora en Flickr

Ésta y otras muchas son las verdades de África y éstas y otras muchas mujeres son las que demuestran la fortaleza de todo un continente. El miedo a alzar sus voces, a denunciar lo que condena el pasado, presente y futuro de sus pueblos va poco a poco desapareciendo. Son mujeres que dan lecciones al resto de la Humanidad, demostrando que África es mucho más que hambre y pobreza. África tiene fuerza para luchar por su futuro, para cambiar su presente de corrupción e intereses internacionales sangrantes, sin dejar de olvidar su pasado de injusticias. Si escoge los caminos adecuados, África será un modelo de desarrollo, sostenibilidad e igualdad para el mundo, como muchas de sus mujeres de ébano lo son ahora para otros pueblos que buscan la fortaleza para cambiar sus destinos.

 

Ruth García Hernández

Afganistán y el opio. Pasado, presente y futuro

Desde finales del siglo XX, en plena Guerra Fría, Afganistán ha sido un país condenado a la guerra y a la violencia, un escenario que sigue presente en nuestros días. Primero fue la intervención de  Estados Unidos y de la antigua URSS, entre 1978 y 1989, en lo que parecía un conflicto interno entre afganos comunistas y afganos islamistas, ‘mujahidines’. Este enfrentamiento no solo trajo consigo agresiones y atropellos, sino que muchos civiles (se calcula que alrededor de 3 millones) se vieron obligados a abandonar sus hogares y huyeron hacia países como Pakistán o Irán.

 
Los islamistas que lucharon en esta guerra, que fueron apoyados por el Ejército estadounidense, se hacen con el poder del país en 1996, es decir, Afganistán se convierte en un país gobernado por los talibanes. El radicalismo islamista que reina en el país condena a la mujer no solo a vestir burka sino a la opresión y la humillación continua. Prohibieron a las mujeres afganas trabajar, ir a la escuela, acudir al médico si éste es un varón, salir de casa sin compañía masculina, acudir a la mezquita a rezar… también son obligadas a casarse por la fuerza y violadas, según denuncia la organización RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan). Para el resto de la población afgana las condenas del régimen talibán son el hambre crónica y el radicalismo religioso que lleva a los más crueles de los castigos.

 
En estos tiempos los cultivos de opio ya estaban presentes en la tierra afgana e iban creciendo exponencialmente. Así se pasó de las 57.000 hectáreas de cultivo de opio en 1996 a una cifra de 91.000 hectáreas de este cultivo en 1999. Ante esta situación, que oficialmente se liga a la actuación de los talibanes y a los señores de la guerra, en el año 2000 el régimen afgano junto con Naciones Unidas lanza un programa de erradicación de la droga, que junto al edicto religioso de este mismo gobierno talibán, el cual prohíbe el cultivo de opio; consiguen un descenso del 94% en este tipo de plantaciones.

 

UN Photo/UNODC/Zalmai
UN Photo/UNODC/Zalmai

De esta manera, y según los datos aportados por la Agencia de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (UNODC), Afganistán reduce su cultivo de opio en 2001 a 7.606 hectáreas. Sin embargo, esta disminución no es duradera y al año siguiente, 2002, la cultivación afgana de opio asciende de nuevo hasta alcanzar aproximadamente 74.000 hectáreas. ¿Qué ocurre en este período que pueda justificar este cambio? Tras el ataque de la red terrorista Al Qaeda a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, el gobierno estadounidense de George W. Bush, recibe el visto bueno de Naciones Unidas para realizar una intervención militar en Afganistán (denominada ‘Operación Libertad Duradera’), para dar caza a los responsables de los atentados, Osama Ben Laden y otros dirigentes de dicha organización criminal, quienes supuestamente se encuentran en el país.

 
Desde este momento, el gobierno talibán pierde el control de Afganistán, con lo que el programa de erradicación de los cultivos se paraliza. Esta guerra, o como otros prefieren denominar intervención militar de EEUU en Afganistán, sigue atormentando a la población afgana hasta la actualidad. La muerte, la miseria, el hambre, la inseguridad y la pobreza parecen condenas eternas para este país, que según los últimos datos ofrecidos por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) ostenta uno de los Índices de Desarrollo Humano más bajos del mundo (0,374) y que tiene al 36% de su población viviendo por debajo del umbral de la pobreza; conforme afirma el Asian Development Bank.

 
Sin embargo, las cifras del opio siguen ajenas a esta situación y, es más, sitúan a Afganistán en el mapa como el punto de origen del 93% de la heroína mundial, como el poseedor del 82% de los cultivos de adormidera (planta de la que se deriva la heroína y el opio) en el mundo y, según datos de 2007, como el primer abastecedor de droga a nivel internacional. Fue en este año cuando el país centroasiático alcanzó su cifra récord de hectáreas dedicadas al opio: 193.000 (en la actualidad la cifra ha descendido a 157.000 hectáreas).

 
Habrá quien pueda pensar que este volumen de comercio tiene que reportar algún beneficio a la economía afgana y de alguna manera así es, pues Afganistán ha visto crecer su PIB con unos ingresos de 4.700 millones de dólares y también, según el Asian Development Bank, el 13% del PIB afgano se debe a las exportaciones de opio. Pero pensar que estas ganancias llegan a la mayoría de la población es algo ilusorio. La diferencia entre el precio de venta de la droga en Occidente y el coste con que sale de Afganistán es enorme, quedándose el mayor beneficio fuera de las fronteras afganas. Son las compañías financieras, bancas y el crimen organizado los que logran el mayor provecho de este, cuanto menos, cuestionable negocio. Es ínfimo el beneficio que llega a los campesinos afganos, quienes se ven forzados a cultivar este tipo de plantas, en vez de productos que puedan saciar su hambre crónica.

 
El incierto futuro

UN Photo/Kay Muldoon
UN Photo/Kay Muldoon

De esta manera el futuro del pueblo afgano parece quedar ligado al cultivo de opio por un largo período, cuando no eterno. Siendo Afganistán un país que mueve brutales cantidades de dinero, su importancia radica en su posición en el mapa y en el control geopolítico y militar de la ruta de las drogas. Quien domine Afganistán, algo que dada la situación actual no se puede dar al 100%, tendrá un control importantísimo sobre la principal ruta de la heroína y los beneficios que ésta reporta. Como sucede en otros lugares del mundo, los afganos parecen condenados al futuro incierto que marca el narcotráfico, con el añadido de ser uno de los países más pobres del mundo.

 

Ruth García Hernández