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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio: retos y logros

A lo largo de la historia de la humanidad se han dado muchas circunstancias que han impulsado la cooperación internacional entre países y organismos. En el año 2000 se ponía en marcha el proyecto más ambicioso en la historia de la cooperación para el desarrollo y hasta el momento el más existo. Ese año en septiembre, en el marco de Naciones Unidas, se reunían 192 jefes de Estado en la llamada “Cumbre del Milenio” para tomar medidas concretas orientadas a reducir la pobreza mundial. Fruto de esta cumbre y sus predecesoras nacen los conocidos como “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (OMD), un conjunto de planes de actuación cuyo objetivo es llegar a mejorar la calidad de vida de todos los seres humanos en 2015. El programa en un primer momento se diseñó en torno a 7 objetivos y un plazo de 15 años para cumplirlos. Posteriormente se amplió a 8 objetivos y se espera que continúen los avances tras la fecha límite en 2015.

Los ODM es un programa auspiciado por Naciones Unidas, cuyo brazo ejecutor es el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), pero que cuenta además con la colaboración de sus asociados: instituciones internacionales (FMI o Banco Mundial), como otros programas de Naciones Unidas ( UNICEF o UNESCO), apoyos de gobiernos de los propios países, países donantes de fondos, ONG´s, instituciones privadas y organismos de la sociedad civil.

Los 8 “Objetivos del Milenio” tienen las siguientes metas fijadas:

  1. Erradicar la pobreza extrema. El principal objetivo a nivel mundial es reducir a la mitad el número de personas que viven en condiciones de pobreza severa (con menos de 1´25 $ al día). Mejorar la situación alimentaria mundial y fomentar el empleo pleno y decente para todos, también forman parte de los objetivos de este programa.
  2. Conseguir que la educación primaria sea universal tanto para niños como para niñas.
  3. Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. Este objetivo se centra en disminuir y eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres fomentando la educación en todos los niveles( no sólo primaria), de ambos sexos. Además dota de acceso a recursos y formación a mujeres en riesgo de exclusión, ya que la igualdad de género favorece la consecución de otros objetivos.
  4. Mejorar la salud infantil y reducir en 2/3 la mortalidad en niños menores de 5 años.
  5. Mejorar la salud materna. Es un programa orientado a asegurar la asistencia sanitaria a mujeres embarazadas para que, al mejorar su salud también mejore la de sus hijos. El objetivo es reducir la tasa de mortalidad en el parto un 75% y garantizar el acceso a la salud reproductiva y la planificación familiar.
  6. Combatir el SIDA y otras enfermedades como la malaria, la tuberculosis y el paludismo. Este programa se centra especialmente en detener y reducir la propagación de las enfermedades más contagiosas y mortales y garantizar un acceso universal al tratamiento para los enfermos.
  7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Este programa se centra en incorporar el desarrollo sostenible en las políticas nacionales para reducir la pérdida de recursos naturales y biodiversidad, a la vez que se estimulan energías más respetuosas y modelos de cultivos menos vulnerables al cambio climático. También incluye un programa de acción para asegurar el acceso al agua potable y saneamiento y otro orientado a dar una mayor calidad de vida a personas afincadas en núcleos urbanos marginales.
  8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo y el respeto. El último de los objetivos y quizás el más demagógico por la cantidad de aspectos que abarca y la dificultad de poner en marcha planes de acción concretos. Entre los aspectos que pretende mejorar están: atender las necesidades de los países con economías más vulnerables, desarrollar un sistema comercial más inclusivo o favorecer el acceso de las nuevas tecnologías a los sectores más necesitados.

¿Cómo se materializan los objetivos en planes de acción?

Desde el año 2000 los ODM se han dotado de diversos mecanismos para canalizar los esfuerzos de los participantes y hacerlos efectivos. Los principales impulsores son los propios gobiernos de los países miembros, que se comprometieron en el año 2010 a donar 40.000 millones de dólares para este fin. Pero, un plan de acción tan amplio y diversificado necesita estar constantemente adaptándose, por lo que desde el año 2000 se han hecho multitud de consultas y reuniones para actualizarlo. Entre ellas destacan: la encuesta global “Mi Mundo”, el informe del Secretario General “Una vida digna para todos” que incluía una renovación del compromiso pasado 2015, o el marco para acelerar el proceso de los OMD elaborado por el PNUD. Este último informe elaborado en 2013 puso de manifiesto los principales problemas a los que se enfrentaban los ODM y explicaba por qué no se iban a conseguir ciertos objetivos en algunos países. Identificaba los principales obstáculos que dificultan el éxito del programa de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” como: las políticas estatales deficientes y faltas de planificación, problemas de financiación y recursos o falta de servicios mínimos e infraestructuras en los países receptores de la ayuda. Pero este informe también arrojaba luz al plantear una estructura de respuesta ante la inoperancia de un programa, donde lo principal era localizar el problema que impedía la consecución del objetivo, se estudiaba la forma de optimizar los recursos de Naciones Unidas y finalmente se ideaba un nuevo plan de acción más local. Este programa ha conseguido entre otros logros, disminuir la pobreza agrícola en Togo y mejorar la asistencia sanitaria a embarazadas en Ghana.

Situación actual de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”

En los últimos años, en especial desde 2010 se plantea ampliar la fecha para conseguir los objetivos y renovar el compromiso de los gobiernos, a la vez que se habla de problemas económicos en la financiación de los ODM. La crisis económica y financiera global deja como resultado un descenso a la ayuda al desarrollo de un 13 %, lo que ha paralizado el avance de algunos objetivos. Además el aumento en los precios de los alimentos y el avance del cambio climático tampoco ayudan a mejorar la situación económica global.

Analizando objetivo por objetivo podemos ver qué ha cambiado en los últimos 14 años:

  1. A nivel mundial se ha logrado que el número de personas pobres descienda a la mitad, teniendo en cuenta cifras del año 1990. Pese a esto en la actualidad la crisis económica ha acentuado la vulnerabilidad de las personas pobres y a día de hoy más de 870 millones de personas (1 de cada 8) pasa hambre de forma crónica.
  2. La escolarización global se ha conseguido en un 90% en los países desarrollados y el global de niñas no escolarizadas disminuyó en los últimos años de 108 millones a 57 millones, según datos del PNUD en 2010. Desde 2011 los avances en este objetivo están paralizados, en especial en la zona de África Subsahariana y Sur de Asia, donde se prevé imposible de lograr en 2015.
  3. La igualdad de género se sigue enfrentando a su principal obstáculo, la pobreza que limita la visibilidad de las mujeres en la sociedad. En todos los países en vías de desarrollo hay más hombres que mujeres que disponen de un empleo remunerado y con garantías laborales. Curiosamente, y pese a ser zonas donde las escolarización de las niñas es menor que la de los niños, Asia Occidental y África Subsahariana han conseguido notorios avances en la igualdad desde 2010.
  4. Las mejoras en la salud infantil están teniendo avances muy lentos, aunque desde el año 91 se ha reducido la tasa de mortalidad en un 41 % (14.000 muertes menos al día). Aún así, la mayor parte de estas muertes son por enfermedades prevenibles y curables. Se ha constatado que la educación, el empoderamiento y unas mejores condiciones de salud de las madres logra una mayor supervivencia en los hijos.
  5. Se ha conseguido un notable mejora en la asistencia sanitaria a mujeres embarazas en el ámbito rural, pero se ha estancado el progreso en el descenso de embarazos adolescente y la planificación familiar.
  6. El descenso del uso de preservativos ha dado como resultado una mayor población de personas infectadas por el SIDA. Por lo tanto aunque hay mejoras en enfermedades como la tuberculosis, el paludismo y la malaria, el principal enemigo sigue siendo el SIDA. Es necesario aumentar los esfuerzos en evitar contagios y garantizar el acceso a tratamientos, especialmente a mujeres embarazadas.
  7. El medio ambiente sigue siendo uno de los objetivos más prioritarios y que menos consenso genera. Se sabe que no se está actuando de forma correcta, ni se están cuidando adecuadamente los espacios protegidos, las especies en peligro de extinción y los mares y océanos. Sí se han logrado avances desde 1990 en otros aspectos como: reducir un 46% las emisiones de CO2, garantizar el acceso al agua a 2000 millones de personas, además de mejorar las condiciones de vida de millones de personas que viven en condiciones de hacinamiento en tugurios.
  8. La unión global tiene importantes retos a los que enfrentarse como la inestabilidad económica y el descenso en el presupuesto de los donantes a la ayuda al desarrollo (sólo 5 países de todos los firmantes han donado lo prometido). Sí ha habido mejoras en el descenso del nivel de deuda externa de países en vías de desarrollo y en universalizar el acceso a nuevas tecnologías, principalmente internet.

Por lo tanto vemos como estos logros no han sido conseguidos de forma uniforme, ni por objetivos, ni por países. Del total de países comprometidos con los ODM algunos de los que han cumplido todos los objetivos son: Venezuela, Ucrania, España, Turquía, Canadá, Vietnam, Qatar y Rusia. Hay que tener en cuenta que estos objetivos marcan unos mínimos y que su total cumplimiento no garantiza que las personas que viven en su territorio tengan cubiertas todas las necesidades básicas.

¿Qué se necesita para lograr estos objetivos?

Según datos del PNUD en 2010 y analizando 50 países en vías de desarrollo, se llegó a la conclusión de que ya se disponía de los recursos y el conocimiento necesario para alcanzar los 8 “Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Se ha alcanzado el primer “Objetivo del Milenio” sobre reducción de la pobreza global, pero hay que seguir trabajando para reducir la pobreza absoluta de los que ya son pobres. En este momento los esfuerzos se centran en mantener los programas que ya funcionan y localizar el fallo en los que no lo hacen. De los años que lleva el programa ODM en funcionamiento se han aprendido importantes lecciones. Se ha visto como la consecución de un objetivo puede llevar a mejorar otros, siempre que vayan de la mano del compromiso político del país en el que se trabaja. También se ha visto como en programas locales de desarrollo es vital apoyar a la población con ayudas al empleo, a la educación y mejoras en salud y alimentación.

El informe sobre el Índice de Desarrollo Humano de 2013 elaborado por el PNUD destaca importantes avances que no habrían sido posibles sin el programa ODM. Por primera vez en 150 años, la producción combinada de las economías en desarrollo de China, India y Brasil han igualado el PIB combinado de las economías mundiales más consolidadas: EEUU, Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia. Además el Índice de Desarrollo humano ha aumentado en países en vías de desarrollo frente a países que partían de niveles más altos, donde en algunos casos se ha estacado dicho índice.

Apenas queda un año para que el plazo inicial de los “Objetivos del Milenio” finalice y hay trabajo por hacer. Muchos indicadores hacen pensar que no se lograrán algunos de los objetivos planteados. El cambio climático, la crisis económica, la inseguridad regional y los conflictos bélicos, son algunos de los problemas a los que se tiene que enfrentar Naciones Unidas si quiere lograr un mundo más justo y equitativo mediante los ODM. Tiene los recursos y las herramientas para lograrlo, aunque sea un plazo más dilatado de tiempo, por lo que no debe haber excusas al cumplimiento de los ODM. Pero no debemos olvidar que la Naciones Unidas no se creó sólo para garantizar la paz mundial, sino para mantener un orden establecido y la seguridad internacional. Naciones Unidas es un organismo que quiere mantener el juego de poder actual y no una ONG. Por lo tanto la pregunta sería: ¿realmente le interesa alcanzar los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Beatriz Alonso González

 

 

 

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El medio ambiente y la crisis silenciada

Hablamos de crisis cuando nos referimos a la época histórica actual, a los días que atravesamos. Lo curioso de esta palabra es que se utiliza indistintamente en plural y en singular. Quizás es esa cualidad tan curiosa la que nos lleva a focalizarnos en ocasiones demasiado en un tipo de crisis (por ejemplo, la económica) y dejar de lado otras ni mucho menos de poca importancia.

De todas las crisis que sufrimos –que no son pocas- hoy vamos a reflexionar sobre la que es, desde mi punto de vista, la más importante de todas: la crisis medioambiental.

Entiéndase que no se trata de restar importancia a la política, a la crisis sistémica, a la de valores. Simplemente es que ninguna crisis tiene cabida en un planeta yerto, arrasado por un uso abusivo de sus recursos. Nunca veremos un cambio de sistema político, ni una evolución histórica de nuestros valores sociales, si nos seguimos dedicando a envenenar el planeta que es nuestro hogar: el único que puede serlo.

Los problemas

El impacto medioambiental del ser humano sobre la tierra es indiscutiblemente negativo. Actualmente son muchos los procesos perjudiciales para diferentes aspectos de la vida en la Tierra que no son controlados o no con suficiente contundencia.

Uno de los grandes problemas de nuestra era es el CO2, un gas capaz de destruir nuestra atmósfera y que sale por nuestros tubos de escape constantemente sin que nadie renuncie así como así a tener un coche si es que se lo puede permitir. La industria acompaña al transporte como principales emisores de este gas, que aunque todo el mundo conoce precisamente por sus negros augurios, pocos parecen entender que su presencia en aumento puede costarnos la vida, y nadie legisla –en serio- contra las emisiones que, por otra parte, son la base del monstruoso desarrollo material al que tanto nos hemos acostumbrado.

Las emisiones globales de C02 se incrementaron en torno a un 2,6% en 2012, según el último informe del Global Carbon Project de la Universidad de East Anglia. Tal dato significa que la quema de combustibles fósiles está un 58% por encima de los niveles de 1990, y que ningún protocolo internacional ha conseguido concienciar de la importancia de las alternativas.

El cambio climático es el resultado de siglos de polución en la era postindustrial. Hemos vertido más toxinas al aire en los últimos 50 años que en prácticamente todos los anteriores. El desarrollo económico ligado al consumismo extremo nos ha llevado al punto en el que estamos.

No solo el aire es tóxico a nuestro alrededor. Nuestros bosques también pagan las consecuencias de estilos de vida desorbitados y lamentablemente demasiado extendidos. Cada año se pierden porciones de bosque -en términos globales- equivalentes a la superficie de Costa Rica, según datos de Greenpeace. Los árboles purifican el aire, nosotros los destruimos a la vez que contaminamos más aún la atmósfera: cualquiera que utilice un poco de lógica ve que en esta ecuación el resultado no es bueno.

El agua, otro de nuestros elementos más vitales, es también el recurso natural más amenazado por la mano del hombre. Durante décadas hemos vertido sin control cientos de sustancias tóxicas a nuestras aguas sin ningún control, y lo más sorprendente es que aún se dan casos. La recuperación de los ecosistemas acuáticos afectados es muy difícil, e imposible en muchos casos. Solo cortando de raíz los vertidos tendríamos alguna posibilidad de recuperar parte de los recursos hídricos perdidos.

 

Qué puedo hacer yo

No podemos fabricar agua, ni aire respirable, ni árboles frondosos que den de la noche a la mañana oxígeno para limpiar nuestros desperfectos atmosféricos. No podemos. La única solución es la concienciación y el respeto escrupuloso hacia el medio ambiente para conseguir mejorar lo que hemos destrozado. La acción debe ser rápida y sin excusas, pues el tiempo juega en nuestra contra.

Nuestra casa es el principal foco de contaminación que podemos controlar en muy alta medida, solo se trata de interiorizar los siguientes preceptos:

Ni una gota de agua desaprovechada:

Date duchas de menos de cinco minutos, y cierra el grifo mientras te enjabonas.

Instala cisternas interrumpibles, o introduce una botella de arena en su interior para que no descargue todos los litros de su capacidad. Si la botella es de dos litros, son dos litros menos que se van por el desagüe. Por cierto, el WC no es una papelera.

Utiliza el lavavajillas lleno y en programa rápido. Si friegas al estilo tradicional, hazlo enjuagando en un barreño, no con el grifo abierto.

Riega las plantas por la noche, cuando la evaporación es menor y aprovechan más el agua.

Que el grifo no corra nunca injustificadamente, bajo ninguna circunstancia.

Emisiones, las justas

Utiliza el coche solo lo imprescindible, el aire acondicionado solo en carretera y por encima de los 21 grados. A más potencia del aire, más quema de combustible.

Pásate a la bicicleta para tus trayectos cortos por ciudad, no solo es ecológico sino que haces deporte.

Pon la calefacción con moderación, apágala por la noche y ventila la casa durante solo cinco minutos para mantener el mayor calor posible dentro de la vivienda sin subir el termostato.

Reduce al máximo el consumo de plásticos: tanto su producción como la gestión de sus residuos es una de las industrias más contaminantes.

 

Compra con la cabeza

Selecciona los productos con menor cantidad de embalaje, y que preferiblemente no sea plástico.

Opta por productos locales, con menos emisiones por transporte y favorables al desarrollo local.

Opta por la pesca y la ganadería ecológica: por respeto al animal, por la correcta regeneración de su hábitat en el caso del mar, y por las tremendas cantidades de emisiones que la ganadería industrial provoca. En definitiva, por la sostenibilidad.

Recicla en origen: separa lo reciclable en cuanto la compra esté en tu casa, reduce los residuos al máximo intentando reutilizar todo lo que sea posible (internet es un filón de creatividad en este sentido).

Lleva tus bolsas de tela al súper. Jubila sin condiciones a las de plástico y recházalas en los establecimientos.

Los productos de agricultura ecológica son mejores para tí y para el medio ambiente en que se cultivan, así como para el agua implicada en su producción y para la gestión de sus resíduos.

El cambio debe nacer de nosotros mismos, y debemos ser intransigentes desde nuestro propio hogar. Porque queremos un planeta habitable para todas las especies, y porque entendemos la responsabilidad que tenemos ante el planeta, vamos a cambiar nuestra forma de vivir, para cambiar nuestra manera de ver la vida.

Alba Sánchez

Modelos de desarrollo insostenible: Dubai

Cuando se habla de desarrollo, muchas personas piensan de forma casi automática en dinero, coches, casas, grandes rascacielos, y consumo desmedido. Demasiado a menudo nos olvidamos de que en términos sociales y en este momento histórico en que la naturaleza está tan desgastada por siglos de malos usos, la palabra desarrollo no puede sino ir acompañada de otra: sostenible.

La definición más característica de Desarrollo Sostenible fue formulada en 1987 según el Banco Mundial, en la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el desarrollo, y dice así:

“Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas”

El mensaje es claro: no se trata solo de aumentar consumo, construcciones y comunicaciones de forma desmedida sino de hacerlo pensando en que vivimos en un planeta hasta donde conocemos irrepetible y que por cierto, es el único que cumple las condiciones para que habite el ser humano. Visto así, es sorprendente la falta de conciencia que aún a día de hoy muestras algunos modelos de desarrollo. Un ejemplo de ello es Dubai.

 

            Dubai, paraíso del derroche

 

Dubai es una ciudad de Emiratos Árabes Unidos que encontró en sus territorios importantes yacimientos de petróleo en la década de los cincuenta. La reinversión de los beneficios del crudo se ha destinado a implantar un modelo de desarrollo basado en el crecimiento brutal y desmedido de la ciudad.

Cuando no han terminado el rascacielos más alto del mundo, ya están proyectando el siguiente que será más alto aún. Las grandes construcciones de cristal tan asociadas en el ideario colectivo al desarrollo de los países han infestado Dubai en apenas quince años.

Imagen1990

Imagen2003 (misma calle)

No solo eso: islas artificiales creadas extrayendo sedimentos del fondo marino que se reinyectan a cinco kilómetros de la costa para instalar en ellas resorts y viviendas de máximo lujo, hoteles como el de Palazzo Versace, cuya arena está refrigerada, centros comerciales que poseen su propia central eléctrica funcionando veinticuatro horas, o campos de golf en pleno desierto que consumen millones de litros de agua anuales para mantenerse verdes. Estos son algunos de los desafíos que Dubai hace a su propio entorno natural, basando su crecimiento en rizar el rizo del lujo y del consumo.

Según datos de la Secretaría de Estado de Comercio de España el consumo de energía de Emiratos Árabes Unidos crece a más del 10% anual, cuando globalmente este crecimiento se da al 4%. Dubai es el territorio donde más crece el uso de la energía, con un ritmo anual del 15%, y recientemente han recurrido a la energía nuclear para satisfacer una demanda energética que el petróleo barato de por sí solo ya no podía abarcar. Cada habitante de Dubai emite 44 toneladas de CO2 al año (para hacernos una idea, en España esta cifra baja a unas 8,17 toneladas según datos de  Eurostat).

En una zona desértica, y cuyas lluvias apenas suman los 100 milímetros al año, es lógico suponer que el agua es un bien preciado. Hasta tal punto que en Dubai es más barato un litro de petróleo que uno de agua. No obstante, los dubaities son, en proporción al tamaño de su territorio, unos de los mayores consumidores de agua del mundo, aunque sus datos no son claros en informes oficiales.

El director ejecutivo del Centro de Excelencia del Carbón de Dubai, Ivano Iannelli, explicaba a CNN México en enero de 2012 que  “Cuando añades los requerimientos del estilo del vida de la región, las piscinas gigantescas, los sistemas de enfriamiento, el agua para regar cuatro veces al día todos los jardines… tal vez eso ayude a explicar el alto consumo de agua”. Desde luego que lo explica. Añadió comentarios sobre el alto consumo de energía que acapara el proceso de desalinización, estimando en unas cuatro toneladas de carbón las emitidas por cada 3,7 millones de litros de agua potabilizada.

 

            El “otro Dubai”

 

Como todo, Dubai y su desarrollo asociado al lujo y al turismo también tiene una cara B. Millones de trabajadores indios, pakistaníes, bengalíes o egipcios han sido los encargados de levantar literalmente la Dubai de hoy en día, donde antes solo había desierto.

Lamentablemente, el lujo que se ha convertido en emblema de la ciudad y del Emirato no ha llegado a beneficiar ni de lejos a los obreros que trabajan a temperaturas extremas por una media de 200 euros al mes.

La periodista Judith Spiegel ha ilustrado esta otra cara del desarrollo dubaití en el reportaje “Trabajadores Inmigrantes en Dubai: nos chupan la sangre”, publicado por Radio Nederland en noviembre de 2012. La periodista asegura que el barrio obrero de Sonapur ni siquiera figura en el mapa de Dubai, por el afán de las autoridades de preservar esa imagen de lujo y frivolidad en al que los trabajadores no tienen cabida.

Al igual que Dubai se encuentra en la cúspide del desarrollo urbano mundial (aunque su sostenibilidad sea cuestionable), en materia de desarrollo social y de derechos su legislación se encuentra en pañales. Los trabajadores pueden dar jornadas de hasta 12 horas con temperaturas extremas, no tienen derecho a sindicar ni a huelga y los pasaportes de los inmigrantes son a menudo requisados por las empresas que les contratan.

Esta es otra perspectiva de Dubai, lejana al lujo y al turismo. Una mucho más real. La que compromete la vida y seguridad de millones de personas para que otras pocas puedan alojarse a todo lujo pagando cifras auténticamente astronómicas por una noche en un hotel levantado en clave de explotación laboral. A la vista de los datos, la pregunta es: ¿debe considerarse a Dubai un verdadero modelo de desarrollo a envidiar?

 

Alba Sánchez