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Miradas por el Desarrollo: emprendiendo en el periodismo social

Hoy, un año de nuestro primer post de presentación de este blog, tenemos el placer de anunciar que nos mudamos.

La experiencia de compartir este blog ha sido muy positiva, y nos ha llevado a querer algo más de esto que llamamos el “periodismo social”. Por ello hemos dado un paso adelante fundando un medio de comunicación con el mismo nombre que nos enamoró hace dos años: Miradas por el desarrollo.

Entendemos el periodismo social como una herramienta promotora de desarrollo al servicio del pueblo, y una salida a la crisis de credibilidad que azota a los medios de comunicación tradicionales. Ofrecemos un periodismo diferente, hecho para lectores diferentes: exigentes, concienciados, informados y activos. Queremos sacar adelante este proyecto con el apoyo de quienes, como nosotras, creen que otras formas de hacer periodismo son posibles y recomendables para ayudar a construir un mundo también distinto: más justo y más solidario.

Por ello, prepararemos para vosotros, semana a semana, periodismo profesional y de calidad, en forma de artículos como los que venís leyendo por aquí, pero con algunos matices: aparcamos el género de opinión para centrarnos en la investigación y el análisis, y ceñimos nuestros principios editoriales a los valores reflejados en la Declaración de los Derechos Humanos, y a los valores de Justicia social y global.

Por ello, trabajaremos para dar voz a los colectivos, temáticas y asuntos sociales que otros medios silencian. Las necesidades sociales que respondan a la Justicia serán nuestros últimos referentes. En todo lo demás, nos declaramos independientes de cualquier tipo de influencia externa.

Cada semana podréis leer nuestros últimos artículos, pero no esperéis actualizaciones constantes e inmediatez, eso lo dan otros medios con resultados cuestionables. Nosotras hacemos periodismo reposado, sobre análisis, y eso lleva su tiempo. No nos importa ir contra las tendencias mediáticas del momento, considerando que en el mundo de la información inmediata y de agencia, elaborar pausadamente un artículo sustancial es un acto de rebeldía con el que queremos demostrar precisamente que hacemos un periodismo diferente, desde su elaboración, hasta su publicación, pasando por su tratamiento y los criterios de selección.

Estáis invitados a tomar parte de este proyecto. Desde aquí os animamos a que os pongáis en contacto con nosotras si os apetece escribir un artículo, o queréis sugerir alguna temática que creéis que debería ser tratada, así como si sois fotógrafos y os gustaría donar alguna imagen, o tenéis alguna idea de mejora estética o técnica. Todas vuestras opiniones y trabajo serán bienvenidos.

Aprovechamos este espacio para agradecer a Ruth García su dedicación al proyecto durante este año, la gran calidad de sus artículos y su buen hacer periodístico. Ahora que tenemos que continuar el proyecto sin ella, le deseamos desde aquí la mejor de las suertes.

Y sin más, dejamos la puerta abierta para que podáis echar un vistazo, esperando que os guste mucho y encantadas de leer todas vuestras opiniones …

www.miradasporeldesarrollo.com

Beatriz Alonso

María Álvaro

Mariu Berruezo

Alba Sánchez

cabecera

Agua para todos

A pesar del crecimiento extraordinario de la riqueza en los últimos cincuenta años, en que la producción mundial casi se ha cuadruplicado, aún no ha sido posible garantizar a todos los seres humanos el acceso a un derecho tan vital como es el agua. Más de 1.400 millones de personas no tienen acceso al agua potable, más de 2.000 millones no tienen acceso a servicios sanitarios, más de 3.000 millones de seres humanos no se benefician de ningún tratamiento de aguas usadas, y alrededor de 15 millones de personas mueren al año por falta de agua potable. Con estas cifras, no cabe duda de que estamos ante un caso de emergencia humanitaria al que todavía parece que no se le hace el caso suficiente.

 

ImageEn 1997 la ONU organizó la llamada Conferencia sobre el Agua que, lejos de traducirse en medidas reales, giró sobre tres acciones: dar prioridad a la innovación tecnológica, la comercialización del agua, y la privatización de los servicios del agua. Es sorprendente leer los argumentos de los defensores de la comercialización: se supone que evitará el derroche y los usos inadecuados. No se dió prioridad al acceso a un recurso vital para todos los seres humanos, en lugar de ello se limitó aún más el acceso a través de intercambios económicos, y metiendo a las empresas en un negocio redondo: multinacionales como Coca-Cola o Nestlé a día de hoy invierten más dinero en embotellar y comercializar agua que en los  productos por los que se les reconoce, como el refresco de cola o el chocolate. No cabe duda de que con estas medidas la ONU puso el negocio en bandeja.

 

El agua es un bien común y universal, y así debería ser considerado sobre todas las instancias, ya que el ser humano no puede elegir: la necesita para su supervivencia. Considerarla un bien de mercado va en contra de los Derechos Humanos más básicos, pero parece que eso no va con las empresas, y que las instituciones internacionales miran para otro lado, o directamente promocionan y facilitan este negocio y mal reparto del agua.

 

El Manifiesto del Agua hace propuestas muy interesantes: extender internacionalmente la concepción del agua como patrimonio de la humanidad sería un buen primer paso para tomar conciencia social sobre la importancia de consumirla con solidaridad y promocionar su reparto equitativo, especialmente hacia países que no cuentan con ella de forma natural. Todo ello necesita de políticas que apoyen este concepto y que a día de hoy son prácticamente inexistentes, estando el mercado del agua repartido entre el gran capital. Esto es algo que necesita ser cambiado con urgencia: el acceso al agua y sus servicios relativos deben ser de financiación pública y responsabilidad de la colectividad, solo así los ciudadanos serán dueños de su propia agua.

 

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¿Quién es el “dueño” de esto?

 

La privatización de los servicios públicos es, desde mi punto de vista, la seña de identidad del capitalismo más maduro y agresivo. No hace tantos años, al menos en España -que no es ni mucho menos ejemplo de modernidad- los servicios públicos eran una aceptación pública y no se cuestionaban por nadie, ni desde los gobiernos. Aznar cambió esta forma de ver la realidad social privatizando Endesa, Repsol, o Telefónica, todo con la excusa de la eficiencia y eficacia en la gestión, que por lo visto siempre es mejor desde el sector privado. Años después nos encontramos con que somos el país que más paga de teléfono y servicios de internet en toda la Unión Europea, y que además tenemos los de peor calidad. Eso por poner como ejemplo solo la evolución del plan de negocio de telefónica. Visto así, ¿cómo pretenden convencernos de que privatizar el agua sería en beneficio de todos? La memoria histórica en estos casos es básica para ser realmente conscientes de cuáles son los verdaderos planes que hay detrás del discurso político y sus innumerables justificaciones.

 

El impuesto mundial del agua que propone el Comité para el Contrato Mundial del Agua podría ser una buena apuesta por la internacionalización del valor humano -que no económico- de este recurso. De esta manera los políticos ya no tendrían la excusa de la financiación para sufragar los costes del reparto equitativo del agua, y el proceso seguiría estando sustentado con dinero público manteniendo lejos a multinacionales con ganas de sacar tajada. Una Autoridad Mundial del Agua podría orquestar este proceso. Hasta hoy, ninguna intitución internacional ha dado salida real al desigual reparto del agua y a los problemas que ello acarrea a millones de personas en todo el planeta, por lo tanto no es nada descabellado pensar en alternativas, como una nueva institución que de forma independiente desarrolle las necesidades y urgencias en relación con el agua.

 

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Lo que está claro es que no se puede meter a este recurso tan natural y básico en el saco de los “bienes de mercado” o “de consumo”, y que quienes lo hacen demuestran carecer de la ética más básica. ¿Qué podemos hacer nosotros, a título personal? Tratar de no comprar agua embotellada, es mejor utilizar filtros para limpiarla y envases de vidrio o metal para transportarla: para hacer una botella de plástico se necesita tres veces el agua que contiene. Además de los ya conocidos trucos de ahorro doméstico como darse duchar cortas o regar las plantas por la noche. Un reparto equitativo de un recurso parte de un planteamiento necesario: el uso responsable. Después de hacer nosotros ese uso racional, podremos pedir a la política que haga el favor de para los pies a quienes perpetúan esta vergüenza mundial.

 

Alba Sánchez Serradilla

 

Mujer sin sumisión

Todavía resuenan en la memoria más reciente de la sociedad española, el alboroto creado (y más que justificado) ante la publicación de ‘Cásate y sé sumisa’. Un libro traducción de otro firmado por la italiana Constanza Miriano y que ha sido publicado por el arzobispado de Granada.   La sinopsis de este libro afirma barbaridades tales como “Ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión. Y, entre nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo.”

 
Este mensaje es el que se ha lanzado en una sociedad en la que en la última década se ha contabilizado la escalofriante cifra de 700 mujeres muertas a causa de la violencia de género. En un país que se ha visto marcado desde hace años por el machismo más aberrante, definido con ejemplos como el que una mujer no pudiera abrir una cuenta en el banco sin el consentimiento de su padre, su marido o algún varón de su familia. Este hecho que algunos tacharán ‘de no ser para tanto’ solo recuerda lo poco que se ha avanzado en Igualdad, tangible y real en un país ‘desarrollado’ como se supone que es España.

 

 
Desde Occidente se mira con un cierto sentimiento de superioridad a los países árabes, en los que clara e injustificablemente se están violando los derechos más fundamentales de la mujer. Un ejemplo ello es el tema del burka o velo, pero pocos recuerdan que en España hace solo unos años, en plena dictadura, las mujeres también se cubrían con velo para ir a la Iglesia y se recriminaba a las que vistieran de forma poco decorosa.

 

De:  Flickr-balazsgardi
De:
Flickr-balazsgardi

 
En la actualidad, quizás uno de los peores países para ser mujer es  Afganistán. En este Estado asiático, las mujeres afganas no solo tienen que lidiar con un escenario bélico, de ataques de drones casi diarios, sino que además sufren violaciones por parte de los soldados y son encarceladas acusadas de ‘crímenes contra la moral’, tal como recoge la ONG Human Rights Watch en su informe “I had to run away. Women and Girls Imprisoned for Moral Crimes in Afghanistan”.  Estos supuestos delitos que llevan a estas mujeres y niñas a las cárceles afganas son en su mayoría casos de huidas de matrimonios forzados, escenarios de violencia doméstica, víctimas de violaciones, proxenetismo o simplemente condenas por haber  mantenido relaciones sexuales fuera o antes del matrimonio. Esta criminalización tan injusta de la mujer, que pasa de víctima a acusado de un delito,  ha tenido lugar en un escenario en el que debido a las características del régimen talibán, imperante hasta 2001, y del posterior caos bélico, la mujer ha sido condenada a un papel de absoluta sumisión a la figura masculina. Tratadas poco más que como animales sus derechos han sido pisoteados, día tras día, por el simple hecho de ser mujeres y tener que mostrar obediencia absoluta a los varones.

 
Como en todo, esta injusta desigualdad que sufre la mujer afgana tiene sus variantes si se mira a la capital, Kabul, o a las zonas más rurales del país asiático. La ciudad parece albergar un poco más de libertad para la mujer que el campo, pero no demasiada, quizás la cantidad y diversidad de población hacen que las miras de y hacia la mujer se abran un poco. “En Kabul puedes ver algunas escuelas, mujeres en la vida pública que trabajan, pero cuando dejas la capital, es difícil encontrar a chicas en la escuela o trabajando”, aseguraba la activista afgana Mariam Rawi en un artículo que recoge la organización RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan).

 
“Cuando una mujer aprende simplemente a leer y escribir, se siente mejor, más fuerte, capaz de tomar decisiones por ella misma y su familia”; añadía  Rawi mientras señalaba el caso de países como India, Pakistán o el propio Afganistán donde “las mujeres nunca supieron sobre sus derechos, lo que pueden y son capaces de hacer, el problema es la falta de información”. Ejemplos claros de cómo se cambió la educación por la sumisión; la igualdad por una falsa fe y obediencia al varón, pues lo injusto de la situación muestra que es el miedo lo que relega a esa posición de inferioridad obligada a la mujer.

 

De: UN
De: UN

 
Tras este balance es evidente que a la mujer afgana le queda mucha lucha por delante y muchas batallas por ganar en el  ámbito de la Igualdad. Por suerte no están solas porque las barbaries traspasan fronteras y el movimiento de solidaridad femenina trabaja local, regional y globalmente en ello.  Sin embargo, también a la mujer occidental, y en concreto a la española, le quedan muchas batallas por pelear. Pues todavía alguna rancia voz nos señala que tenemos que ser sumisas, cuando en realidad debemos luchar por una plena y real Igualdad, en la que nuestros derechos sean respetados no por miedo a un posible castigo, sino porque la sociedad ha interiorizado que es de justicia universal la total Igualdad entre hombre y mujer. Y porque la mujer nunca será sumisa, la mujer es y será LIBRE.

 

Ruth García Hernández

La trata de personas en nuestros días.

Desde que se tiene constancia del desarrollo humano, la esclavitud ha sido un pilar sobre el que han crecido  grandes civilizaciones como la Egipcia, la Griega o la Maya.

El día 10 de diciembre de 1948, en el seno de Naciones Unidas tuvo lugar un hito en la historia de la humanidad. Ese día nacía la “Carta Internacional de los Derechos Humanos”, compuesta por 30 artículos y una serie de tratados internacionales de obligado cumplimiento paraa los países firmantes ( 58 en ese momento). Por primera vez en la historia del hombre se creaba un texto legislativo internacional en el que quedaban recogidos los más fundamentales e innatos derechos del ser humano desde el momento de su nacimiento. Algunos tan importantes como el que consta el Artículo 4 de la Carta: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”.

Más recientemente el conocido como “Protocolo de Palermo” de 2000 reconsideró la situación de la esclavitud moderna e impuso nuevas medidas para establecer como prioridad internacional la abolición de la esclavitud moderna, centrándose especialmente en los sectores de mayor riesgo como son las mujeres y los niños.

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Título: Tráfico humano. Fuente: Imágenes Evangélicas.

La libertad es un derecho que nos parece tan natural como el propio derecho a la vida y sin embargo en Europa hace apenas unos 200 años aún había esclavos. Hasta finales del siglo XX había países esclavistas en el mundo, siendo el último en abolir la esclavitud Mauritania en 1980.

Hoy en día pese a los esfuerzos internacionales se puede considerar que sigue existiendo la esclavitud, aunque en la actualidad es más conocida bajo el nombre de “trata de personas”. La trata de personas se puede resumir como: “el delito internacional de explotación de seres humanos mediante el uso de la coacción, rapto o cualquier tipo abuso de poder”. Los delitos más comunes asociados a la trata de personas son: la explotación sexual y laboral con fines comerciales, cualquier forma de servidumbre involuntaria, los trabajos forzados por deudas y la extracción de órganos .

Según el Informe del 1 de junio de 2012 de la Organización Internacional del Trabajo en el mundo hay 20,9 millones de personas víctimas de la trata de seres humanos. El comercio ilegal de personas en la actualidad afecta a más de 130 países y es la tercera actividad ilícita más rentable a nivel mundial por detrás del tráfico de drogas y armas.

LOS ESCLAVOS MODERNOS

Como podemos ver el denominador común para determinar una situación de trata es la explotación de la víctima y la incapacidad decisión sobre su propia vida. Actualmente los 4 tipos de explotación más comunes son: la trata con fines sexuales, la explotación laboral, la servidumbre doméstica y el tráfico de menores. El 98% de las víctimas mundiales de trata de personas son víctimas del comercio sexual, especialmente en las regiones de Asia y África.

La explotación sexual con fines lucrativos es un tipo de trata que afecta de forma dramática a las mujeres y niñas ya que este colectivo es en torno al 80% del total de víctimas. En este tipo de trata suele obligarse a la víctima a prostituirse, bien porque ha sido engañada para hacerlo, o bien porque es la forma de saldar una deuda ilegal con sus tratantes. Especialmente cuando se trata de menores, el consentimiento del mismo es irrelevante. para determinar un delito de trata. Tampoco es necesario probar que se usaron métodos de abuso de poder para inducir a la víctima a prostituirse cuando ésta se da en condiciones de explotación.

La trata laboral de personas es un tipo más oculto y difícil de catalogar como esclavitud, porque engloba otros delitos como el reclutamiento, transporte ilegal o la retención de personas en contra de su voluntad. De los 15.205 casos identificados en 2011, solo 278 obtuvieron una condena legal. Al igual que en el caso de la explotación sexual aquí también se da la situación de esclavitud como compensación a una supuesta deuda adquirida, normalmente a cambio de un traslado de país o un nuevo trabajo. Aun así, no es necesario que la persona esté en otro lugar diferente a su país de origen para ser víctima del trabajo forzoso. En algunos países de Asia y África esto es especialmente grave porque la deuda se puede heredar, por lo que hay personas que ya nacen con la condición de esclavas.

Dentro de los diferentes tipos de esclavitud, el que podemos considerar más grave y con peores repercusiones para la víctima es el que sufren los menores de edad en sus distintas formas: explotación sexual, laboral y reclutamiento como soldados. Un colectivo muy vulnerable a esta situación es el de los menores desplazados o refugiados.

Este tipo de violación de los Derechos del Niño no siempre es fácil de reconocer, ya que en ocasiones las familias acceden a ello o los explotadores se hacen pasar por parientes del menor. En el caso de niños soldado es difícil impartir justicia porque generalmente estas situaciones ocurren en países en guerra o con gobiernos débiles e incapaces por sí mismos de garantizar los Derechos Humanos en su territorio.

Estas personas normalmente caen en las redes de trata porque se encuentran en una situación de vulnerabilidad y pobreza. Las personas que abusan de ellos suelen recurrir a un mismo patrón de dominación caracterizado por: la restricción de movimiento, por mantenerles en condiciones de vida, salud y trabajo deplorable y por utilizar la violencia, la amenaza y coacción como método de sumisión.

No siempre es fácil identificar una situación de esclavitud porque a menudo puede confundirse con otras problemáticas sociales como el tráfico ilícito de inmigrantes o la prostitución. La diferencia entre trata y tráfico de inmigrantes es el consentimiento inicial de la persona que viaja, que la relación ilícita de tráfico termina cuando llega al lugar de destino y que además el viaje siempre es fuera de sus fronteras nacionales. En el caso de la prostitución se diferencia porque en un casi de trata la persona nunca dio su consentimiento, o si lo hizo en algún momento el uso de la violencia contra ella hace que pierda toda validez.

Las víctimas de la trata quedan marcadas de por vida aún cuando consiguen librarse de su condición de esclavas. Las consecuencias físicas en ocasiones pueden repararse aunque las más graves como el contagio de enfermedades o la propia muerte, son irreparables. Las mentales como  el sentimiento de abandono, la culpa, la ansiedad o trastornos mentales derivados del abuso, serán más difíciles de subsanar y pueden condenar a la persona a la exclusión social de por vida. La dificultad para definir la trata de seres humanos y su implicación con redes de delincuencia organizada, en ocasiones lleva a que las víctimas sean tratadas como delincuentes al igual que sus tratantes. Para evitar estas deplorables situaciones los organismos internacionales más importantes, como Naciones Unidas o la Unión Europea, dedican grandes esfuerzos luchar contra esta lacra.

En el marco de Naciones Unidas el último gran avance fue el “Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños”, conocido más comúnmente como “Protocolo de Palermo” y que ha sido firmado hasta el momento por 117 países. Este tratado obliga a los países firmantes a adoptar una serie de medidas que pueden resumirse en 3 líneas de actuación o “Las 3 P”: protección de la víctima, prevención del delito y procesamiento y castigo a los tratantes. El objetivo es centrarse en la víctima ofreciéndole seguridad, justicia y posibilidades de reinserción social.

Si hablamos de la Unión Europea tenemos que mencionar la última legislación aprobada en 2011, “La Directiva de la UE contra la Trata de Seres Humanos”. En ella, al igual que en el protocolo de Naciones Unidas, se define la trata y se fijan parámetros legales para penalizar cualquiera de sus formas. Esta directiva obliga a su cumplimiento a los Estados miembros de la UE, pero la teoría difiere de la práctica. Según datos recientes de la Comisión Europea entre 2008 y 2010 sólo 3 de los 27 países  han traspasado esta normativa a su legislación nacional. Durante esos años también se tiene constancia de que la trata ha aumentado un 18%, siendo más de la mitad de las víctimas, el 61%, ciudadanos de la UE. Esto es un claro reflejo de que esta lacra social está muy lejos de eliminarse. Si los considerados países desarrollados no llegan a un acuerdo sobre cómo luchar contra la esclavitud y los grandes organismos internacionales no ponen verdaderas herramientas útiles al servicio de esta causa, todo el esfuerzo acaba siendo un cúmulo de buenas intenciones. Si ni siquiera podemos garantizar en nuestras propias fronteras la libertad de nuestros ciudadanos, deberíamos replantearnos qué tipo de sociedad democrática tenemos y reflexionar sobre si la globalización realmente también incluye la universalización de los derechos y no solo la del capital.

Beatriz Alonso González

Egipto, entre el Ejército y el Islam

Los sangrientos días que está viviendo Egipto no han dejado a nadie indiferente en la opinión pública internacional. Enfrentamientos y ataques continuos entre los partidarios del depuesto presidente, Mohamed Morsi, y los egipcios que apoyan la posición del Ejército son tierra y simiente para que la crisis egipcia se convierta en una guerra civil que divida en dos el país. Un conflicto que costaría innumerables vidas y que no sería fácil de resolver, según se puede deducir ante la falta de concesiones por parte de ambos bandos. A todo ello, hay que agregar la importancia del Estado en cuestión dentro de la comunidad internacional, pues Egipto ha sido y es un país con una importancia geoestratégica enorme, con una posición determinante en el conflicto palestino-israelí y además con un control transcendental de las aguas del río Nilo.

 
Estas pequeñas pinceladas pretenden acercar el conflicto a la mayoría de los lectores, pues es importante que el pueblo, la ciudadanía internacional entienda que lo que pasa en Egipto, como en cualquier rincón del mundo, es una cuestión de todos, pues se trata de un capítulo más en nuestra historia como Humanidad y del que todos deberíamos tomar conciencia. Por lo tanto, vayamos al principio…

 

Autor: Moud Barthez en Flickr
Autor: Moud Barthez en Flickr

 
De la Revolución Árabe al Viernes de la Ira

 
Hace dos años, Egipto se deshacía, después de días y días de protestas dentro del contexto internacional de las Primaveras Árabes, del que había sido su dictador durante treinta largos años, Hosni Mubarak. Tras la alegría, ilusiones, esperanzas y expectación de los primeros momentos de la Revolución egipcia, surgía la necesidad de preparar al país ante una nueva realidad, la de unas  elecciones que dieran lugar a un gobierno democrático  que a su vez respondiera a las ansias de libertad e igualdad de un pueblo oprimido y pobre.

 
En 2012 se celebraron los comicios que llevaron a la presidencia a Mohamed Morsi, líder del partido Justicia y Libertad, el cual es considerado el ala política de Islamist Muslim Brotherhood, o lo que en español se ha venido traduciendo como los Hermanos Musulmanes. Sin embargo, lo que se concibió como una nueva etapa para Egipto no ha traído tranquilidad a la población de este país árabe. La Tierra del Nilo se ha convertido en el escenario de un pueblo dividido e indignado ante la falta de ruptura total del nuevo gobierno con el régimen de Mubarak.

 

Bora S. Kamel en Flickr
Bora S. Kamel en Flickr

 
La constitución de corte radical islámico, la falta de justicia social, la vuelta de la represión policial a las calles, la inestabilidad política y económica, junto a la desprotección de la mujer (un colectivo que reclama justamente su papel en la nueva sociedad egipcia y que se ve relegado a un segundo plano olvidado y oprimido, como revelan las constantes agresiones sexuales a mujeres) son solo algunos de los aspectos que han condenado al joven gobierno de Morsi.

 
De esta manera, el pasado 3 de julio la indignación de parte de la población egipcia estallaba con el golpe de Estado que, orquestado por los militares, apartó a Morsi del poder y enfureció al mismo tiempo a sus seguidores. Las protestas no se hicieron esperar y los partidarios de Morsi y los Hermanos Musulmanes se concentraron en las plazas Rabaa al Adawiya y Al Nahda, en la capital del país, El Cairo, exigiendo la vuelta al poder del líder derrocado. La latente división social salía a la superficie de Egipto, fruto de la diversidad ideológica y religiosa de su población y la incapacidad de encontrar una forma de gobierno que satisfaga las necesidades de unos y otros. Esta falta total de transigencia por parte de los que no quieren a Morsi de ninguna manera y de los partidarios de éste que no ven otra salida más que el restablecimiento del líder islamista en el poder, dejan pocas opciones sobre la mesa.

 
Derivado de esta intolerancia y carencia de diálogo, ha surgido el escenario encontrado el pasado 14 de agosto. El desalojo forzoso de los campamentos organizados por los partidarios de Morsi, decretado por el gobierno de facto de los militares, dejó tras de sí un rastro de sangre que varía entre los 638 muertos y 3.994 heridos, según fuentes oficiales, y los más de 2.000 fallecidos que apuntan los Hermanos Musulmanes. Esta rotunda y  violenta respuesta de las fuerzas de seguridad del gobierno egipcio respondería a los supuestos saqueos, incendios, ataques terroristas y otras acciones cometidas por los partidarios de Morsi, conforme con la información difundida por el Ministerio del Interior egipcio. Por su parte, los Hermanos Musulmanes denuncian la brutalidad policial y militar y acusan a los agentes de lanzar cócteles molotov contra los hospitales improvisados para atender a las víctimas.

 
La irritación de estos últimos es tal que han hecho del pasado 16 de agosto el Viernes de la Ira. Otra jornada de enfrentamientos, que en el momento de escribirse esta información cosechaba muertos por decenas en diferentes ciudades del país como Alejandría, El Cairo, Ismailiya o Damietta. Sin embargo, este Viernes de la Ira parece que no pondrá fin a la división y constantes enfrentamientos entre la población egipcia. Mientras tanto, el resto de la comunidad internacional se debate entre su aparente laissez faire humanitario y el crucial papel que podrían jugar algunos actores internacionales, con indudables intereses en la zona, al decantarse por un bando u otro.

 
Esta es la situación que vive Egipto en la actualidad. Esta tierra ligada íntimamente a la historia de la Humanidad por ser cuna del saber y de diversas culturas, se ve hoy empañada de sangre por la incapacidad de ver, tantos unos como otros, que un gobierno democrático tiene que abarcar y escuchar a todos, y que si nadie abre una puerta a la tolerancia necesaria para lidiar con una tan rica diversidad, la muerte y la descomunal violencia irrumpirán estrepitosamente por la ventana.

 

Ruth García Hernández

Lacras contra el desarrollo: el trabajo infantil

De nuevo Occidente lidera a nivel planetario uno de esos días internacionales que deben ser jornadas de reflexión e implicación en una problemática humana y global. En el caso del día 12 de junio es la ocasión de reivindicar que el trabajo infantil sigue siendo una sangrante realidad en demasiadas zonas del mundo. No es una celebración, pero es una excusa para volver a hacer el ejercicio de mirar más allá de nuestras narices.

En los países que nos hacemos llamar desarrollados asociamos en trabajo infantil al mundo del espectáculo, donde es legal, e incluso deseable para algunos convertir a tu pequeño en una estrella mediática que compagina estudios con tutores particulares con una exitosa carrera que por supuesto lucra sobradamente a toda la familia. Lamentablemente estos casos son patéticamente representativos de la realidad a la que se enfrentan millones de niños todos los días en países del Sur: trabajo doméstico, agrícola, minero, y en el peor de los casos, reclutamientos militares o prostitución forzada.

Papel mojado

La Convención de Naciones Unidas sobre Derechos del Niño ha sido ratificada universalmente, pero nuevamente del dicho al hecho hay un abismo. Esta Convención establece que todos los niños del mundo tienen derecho a ser protegidos contra el desempeño de cualquier trabajo potencialmente peligroso o que entorpezca su educación, implique riesgos para su salud o desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

El derecho a al educación no es algo anecdótico, es una garantía recogida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero parece que esta Carta demasiadas veces se queda en una mera declaración de intenciones sin mayor repercusión, para perjuicio del más débil. Siempre del más débil.

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Según datos de UNICEF, se estima que 150 millones de niños de países en vías de desarrollo de 5 a 14 años están involucrados en el trabajo infantil. La cifra supone el 16% de todos los niños de este grupo de edad. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo –referente de la defensa mundial de los derechos de los trabajadores- calcula que en torno a 215 millones de niños menores de 18 años trabajan en todo el mundo, muchos a tiempo completo.

África se sitúa en el centro de la polémica: allí uno de cada cuatro niños de 5 a 17 años trabaja, la cifra si sitúa en uno de cada ocho en Asia-Pacífico, y en uno de cada diez en Latinoamérica. La mitad de los niños trabajadores del mundo trabajan en jornadas de más de nueve horas diarias, y cuatro quintas partes de ellos trabajan siete días a la semana, sin descanso alguno. Como es esperable, la OIT afirma que los pequeños declaran vivir muchas tensiones en su trabajo y llegar agotados a casa.

En la Cumbre 2010 por los Objetivos de Desarrollo del Milenio se concluyó que el Trabajo Infantil refuerza los ciclos de pobreza intergeneracionales, socava las economías nacionales, e impide el avance hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo. Además de causa, es consecuencia de las desigualdades sociales y la discriminación: los niños de castas sociales más bajas o de pueblos indígenas son los que en más ocasiones se ven obligados a abandonar los estudios para trabajar.

La cara más oscura

La OIT ha declarado en sus informes sobre trabajo infantil que cuatro de cada cinco niños trabajan sin remuneración o con remuneraciones muy por debajo de las cantidades predominantes en la zona. En demasiadas ocasiones hacen horas extra o se les exige hacerlas cuando hay mucha demanda o escasez de la mano de obra. Según sus encuestas, cuanto más pequeño es el trabajador, más bajo es el salario que percibe, y la media de salarios se encontraba a principios del milenio en la sexta parte del salario mínimo: siendo uno de los Objetivos del Milenio la erradicación del trabajo infantil, no cabe duda de que hay un potente trabajo por delante que no podemos ignorar.

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En los casos más extremos de trabajo infantil encontramos la cruenta realidad de los niños-soldado. Menores reclutados para formar parte de grupos armados de diferentes tipos, y niñas secuestradas con fines sexuales se incluyen en esta terrible categoría según amnistía Internacional. La organización afirma que no hay cifras exactas de tal barbarie,  pero se confirma que en 2012 se reclutaron niños en diecisiete países: Afganistán, República democrática del Congo, Mali o Yemen entre otros.

La prostitución es otro de los destinos de los menos afortunados. Según la Organización Humaniun por los derechos del niño se calcula que en torno a tres millones de niños y niñas en todo el mundo forman parte del mercado del sexo en países en vías de desarrollo de los que, recordemos, los principales clientes no son nacionales sino turistas sexuales venidos de nuestro mundo “desarrollado”.

Sin embargo, seguimos mirando hacia otro lado, seguimos calzando zapatillas cosidas por menores explotados en las fabricas de nuestras marcas favoritas como Nike o Adidas, seguimos sin plantar cara a un problema planetario cuya solución está en las manos de todos: educar para el desarrollo en los países que tienen ésta práctica como un aspecto casi cultural, y boicotear los productos que vengan del trabajo infantil en Occidente pueden ser el principio de la solución.

Aquí no hay excusas ni tradiciones que valgan: la vida de un niño del Sur no vale más que la de uno occidental, y los derechos a defender con prioridad deben ser siempre los de los más débiles. Tomemos conciencia, por los niños del mundo, por la sociedad del mañana.

Alba Sánchez Serradilla