El paradigma ‘Made in China’

El crecimiento del denominado gigante asiático hace plantearse nuevos modelos de desarrollo económico a muchos países. Sin embargo, existe una cara B de este supuesto progreso chino que lejos de ser conocida se esconde de la opinión pública mundial.

Pintanescu
Flickr/Pintanescu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En estos tiempos de crisis, se suele poner como ejemplo del crecimiento económico a China. Un país enorme, con un territorio de 9.897.961 kilómetros cuadrados, pero a pesar de ello superpoblado con más de 1.300 millones de habitantes, y con un PIB de 8.227 billones de dólares estadounidenses, según datos del Banco Mundial. Dado este desarrollo económico, muchos podrían esperar que China fuese uno de los países con un mayor índice de desarrollo humano, pero las grandes desigualdades que sufre su sociedad, entre otras razones,  le convierten en un país con un desarrollo humano medio, ocupando la posición 101 en el ranking de 186 países que analiza el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) en su Informe sobre Desarrollo Humano 2013. El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso (IDH 2013).

 
Este contraste es el que cuestiona el modelo de desarrollo chino, en el que todo vale y en el que las consecuencias sociales parecen desaparecer tras un manto ilusorio de triunfo mundial. Para empezar con este análisis hay que observar primero el modelo de producción que se está llevando a cabo en este país, cuyos niveles de exportación alcanzaban     2.048.714 millones de dólares estadounidenses, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo que da unas expectativas a China enormes en el campo de la producción, ya que en base a la información del IDH 2013, asumirá junto a Brasil e India la responsabilidad del 40% de la producción mundial para el año 2050.

 
El imperio ‘fake’

 
Se muestra como una verdad conocida por todos, la mala calidad que ofrecen muchos de los productos ‘made in China’. De hecho, la gente con posibilidades económicas en China prefiere comprar productos europeos o con otra etiqueta de origen. La respuesta ofrecida por una mujer de nacionalidad china resume muy bien el motivo de ello: “porque todo en China es falso (fake)”.  Tal es así que, según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) recogidos por RT, el 70% de todos los productos falsificados entre los años 2008 y 2010 procedían de China. Portaviones, teléfonos, cadenas de comida rápida, esculturas, monumentos e inclusos ciudades enteras han sido recreadas por las manos chinas.

 
La etiqueta ‘made in China’ se ha convertido en mayoritaria en gran parte de los productos que se consumen en Occidente. Se supone que la mayoría de esta producción ha pasado estrictos controles de calidad. Sin embargo, dentro de las fronteras chinas la regulación de cara al consumo no es semejante a la europea, por poner un ejemplo de regulación occidental. Uno de los casos más escandalosos, debido a sus graves consecuencias, es la falsa leche infantil. En el año 2008, tres bebés murieron y 6.244 pequeños resultaron intoxicados al consumir dicho producto que había sido alterado con melanina, una resina sintética que se usa para los tableros de conglomerado, entre otras funciones, agregada con el objeto de aparentar un aumento del contenido proteico.

 
Aunque este escándalo fue mayor cuando estos primeros datos se ampliaron al surgir más casos de envenenamiento llegando a 6 niños fallecidos y 300.000 afectados; el boom de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, con su espectacularidad y despliegue de medios, empañó la noticia a ojos de la comunidad internacional.

 
Hasta que en 2011 se conoció que una de las responsables de los casos de envenenamiento de leche infantil, había sido sentenciada a pena de muerte por envenenar la leche producida por su competido con nitrito de sodio. No hubo muchas más informaciones al respecto. Y es que la hermeticidad del régimen chino y la situación de la libertad de expresión en el país (situado entre los diez últimos puestos de la Clasificación Mundial de la libertad de prensa 2013, elaborada por Reporteros Sin Fronteras) no permiten delimitar bien las características y consecuencias de este fenómeno. El cual sigue dando de qué hablar en la actualidad, pues en 2013 nuevos casos de envenenamientos por leche infantil provocaron la protesta de cientos de padres de Nantong contra la inacción de las autoridades en este caso, según publicaba el diario La Gran Época.

 
Consecuencias internacionales y derechos laborales

 
Estos y otros sucesos que ocurren en China, que hace que muchos ciudadanos se vean obligados a comprar en el exterior algo tan básico como la leche infantil, tienen escasas  consecuencias internacionales. Es cierto que países y organizaciones como la Unión Europea extreman sus controles a los productos procedentes del gigante asiático, pero la prioridad que se otorga a las relaciones comerciales con China hacen medir la respuesta dada y mucho menos se plantea pedir responsabilidades.

Daniel Gorecki
Flickr/Daniel Gorecki

 
Ante esta realidad, cabe preguntarse si ese camino del progreso o supuesto desarrollo es el que se quiere seguir por el resto de los países. En el que los habitantes se trampean entre ellos por hacer negocio para sobrevivir, donde la jornada laboral se extiende a más de 60 horas semanales en muchos casos, donde varios derechos sociales y laborales son pasados por alto y donde lejos de regir un sistema comunista, las élites viven a cuerpo de rey mientras el pueblo en muchos casos pasa hambre. El gigante asiático, China, esa gran economía mundial tiene muchos valores, buena gente y sabiduría que exportar, sin embargo, su actual modelo económico y social no son ejemplo de nada bueno y más que aportar al país, le restan perspectivas de futuro para toda su población.

Ruth García Hernández

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