Bildelberg: ¿realidad o ficción?

A estas alturas de la historia el nombre ya suena a bastantes ciudadanos: el Club Bildelberg saltó del todo a la palestra pública a raíz de la publicación del que sería un best seller mundial, de la pluma de Daniel Estulin en el año 2006: ‘Los Secretos del Club Bildelberg’. A esta siguieron otras obras que pretendían arrojar luz sobre los movimientos más opacos del poder económico mundial que podrían suponer, ni más ni menos, que gobernancias paralelas al margen del control ciudadano. Todo lo que rodea a este club lo hace con un halo de secretismo y hermetismo, pero conocer su existencia y las teorías que le rodean es una herramienta de análisis de la actualidad que el ciudadano comprometido no se debe perder.

 

Los primera reunión del club se remonta a 1954 en el Hotel Bildelberg que le da el nombre, en la ciudad de Oosterbeek (Países Bajos). La inicial motivación de las reuniones de la élite mundial era la de afianzar lazos entre Europa Occidental y Estados Unidos, ante la influencia de la Unión Soviética. No fue sino un reflejo de la situación que a gran escala representaba la propia Guerra Fría, cuando el Plan Marshall ayudaba a Europa para su reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. En origen se plantearía que de cada país acudiese un representante conservador y otro progresista, pero esta norma no cuajó, y finalmente se sentarían en las reuniones ni más ni menos que representantes de las élites económicas, políticas y empresariales de los países en cuestión.

 

El secretismo es la seña de identidad más genuina de este club, aunque se va desgastando. Los asistentes varian de una reunión a otra y acuden previa invitación. Solo existe un Comité Central fijo donde a España nos representa Juan Luis Cebrián, y las listas de invitados oscilan entre los ciento veinte y ciento cuarenta invitados, los cuales deben acudir solos, sin familia. Los asistentes personales no pueden acceder a las reuniones. Se alquila un hotel de lujo entero para el evento, que suele costar alrededor de diez millones de euros por reunión. Son protegidos minuciosamente por cuerpos de seguridad del país donde se encuentren, e incluso llevan sus propios cocineros, camareros y personal de seguridad.

 

El Club Bildelberg no es un gobierno mundial, según ha declarado a diferentes medios el periodista e investigador Daniel Estulin, aunque sí es el resultado de la muerte del Estado Nación como se conocía, en tanto que supone un aunar de fuerzas de las élites financieras mundiales defensoras del modelo de economía capitalista o de mercado, por encima de los gobiernos particulares y electos de los países de los asistentes. La ideología política no es que sea solo relevante, es que es única: la derecha conservadora, el marco en el que se defienden los intereses de las élites económicas, como no podía ser otro. No es que tengan por qué declarar sobre su ideología, pero si nos fijamos en el caso de los asistentes españoles, en las últimas reuniones y para poner algunas caras, la Reina Sofía, Ana Patricia Botín, Dolores de Cospedal, Joaquín Almunia, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Juan Luis Cebrián o José Manuel Entrecanales han compartido debate con el resto de la élite económica mundial. Ninguno de estos personajes se caracteriza por un izquierdismo reconocido, más bien todo lo contrario.

 

En cada una de las reuniones se tratan temas de interés para los allí presentes. La crisis económica viene siendo el tema estrella pero no el único. En la última reunión, celebrada el pasado mes de junio de 2013 en Reino Unido -de la que por cierto, los mass media españoles se han hecho muy poco eco- los temas sobre los que han girado las conversaciones han sido, según datos de El Confidencial: el crecimiento de China, las impresoras 3D y la soberanía alimentaria mundial.

 

El crecimiento de la población mundial es algo que al parecer les preocupa tanto que hay quienes sostienen que la élite mundial urde un plan de reducción drástica de la población terrestre con el cual irían en sintonía medidas póliticas de nuestro día a día, como los recortes sanitarios en España, las dificultades de la reforma sanitaria en Estados Unidos, y tantas medidas que se traducen directamente en costos de vidas humanas en devirsos países -Grecia, Italia, Portugal son otros ejemplos-. Todo ello obviando hambrunas, crisis humanitarias, guerras y demás teatros del exterminio que no parecen tener fin en la historia de la humanidad. Con esto no pretendo afirmar que que las medidas políticas se hayan determinado en el foro Bildelberg, sino que en el pueblo, ajeno al secretismo de las élites, observa y saca conclusiones que pueden ser o no ciertas, pero que no se pueden afirmar ni desmentir por la propia falta de transparencia del club en sí.

 

Si observamos más de cerca el caso de nuestro país, la protesta social generalizada en los últimos años de la crisis denuncia constantemente que la política se hace para los bancos y las grandes empresas: tanto desde aquí, como a través de la Troika. Es aventurado pensar que las resoluciones que más perjudican al pueblo tengan algo de relación con las reuniones de Bildelberg, y de hecho no lo afirmo porque la propia opacidad del grupo impide corroborar lo que solo debe ser tomado como idea incontrastable a través del Club. Lo que si es llamativo es que los personajes que se sientan en las reuniones jamás salgan perjudicados en en ningún recorte masivo de gasto público, sus empresas crezcan en un contexto de crisis donde la mayoría zozobran -véase Inditex- o los propios Estados velen por sus intereses hasta el punto de regalarles cantidades ingentes de dinero público que ni se les llega a exigir de vuelta -como se ha hecho en el rescate bancario.

 

Sin ánimo de alimentar ideas conjuristas y apocalísticas sobre un gobierno mundial a la sombra, lo cierto es que la idea de que no somos gobernados por quienes se sientan en nuestros Parlamentos está muy extendida desde hace mucho tiempo entre los ciudadanos. Se oye hablar de los intereses de las grandes multinacionales, muy difíciles de desvincular del Club Bildelberg teniendo en cuenta que a la última reunión, por ponerla de ejemplo, acudieron representantes de: Barclays, Axa seguros, Inditex, Novartis, Shell, Financial Times, Grupo Prisa, Goldman Sach, Michelin, Mediobanca, Microsoft, Siemens, Grupo Kudelski, Johnsons, Rockefeller Broadcast Company, HSBC, BP, Heineken o Amazon entre otras muchas compañías. Aliñados con la presencia de numerosos Ministros de Economía y representantes de instituciones como en Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

 

Estulin afirma en sus libros que el Club ya tiene poder e influencia para imponer su política en cualquier parte del planeta, ya que controla al Presidente de los Estados Unidos, al primer ministro de Canadá, a los principales medios de comunicación occidentales, a los políticos, financieros y periodistas más importantes, a los bancos centrales de los principales países, a la Reserva Federal de los EEUU y su suministro de dinero, al FMI, al Banco Mundial y a la ONU.

 

Según la página oficial del Club Bilderberg, en esas reuniones “no hay una agenda detallada, ni se proponen resoluciones, ni se toman votos ni emiten opiniones políticas”, no dan más explicaciones acerca de lo que pasa de puerta para dentro. Por su parte, The Times publicó en 1977 una definición del club como “una camarilla formada por algunos de los hombres más ricos, poderosos e influyentes de Occidente que se reúnen secretamente para planear eventos que después, simplemente, suceden”.

 

Ciertamente, lo de este Club parece una leyenda oscura propia de los novelistas más retorcidos. Desde este artículo se exponen algunas de las opiniones e ideas que se han publicado sobre los objetivos y naturaleza de Bilderberg, un foro elitista que se reúne para nada concreto y sin motivo aparente, pero que lo hace al margen de cualquier orden democrático que pueda controlar las opiniones vertidas por algunos representantes del pueblo que también se sientan allí. Eso si es cuestionable, y es demostrable: sin ninguna consecuencia, un Ministro de un país democrático acude a reuniones bañadas de secretismo y que dejan al margen al pueblo que le ha otorgado su cargo.

 

Alba Sánchez Serradilla

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Un pensamiento en “Bildelberg: ¿realidad o ficción?”

  1. Como gente del pueblo lo tenemos o al menos nos lo ponen cada vez más difícil.Lo que acabo de leer parece de novela negra,aunque es nube muy oscura para el resto de los que no están en ese asqueroso mundo del dinero, o estircol del diablo como alguien lo llamó.
    Pero sigo diciendo no son invencibles,son miseria y tan débiles como los demás podemos con ellos¡no es una utopia! ya nadie se acuerda de la revolución francesa y lo que pasó con la Rusia de los zares
    Lo triste es que el pueblo o tiene miedo o esta dormido con las canciones de cuna que ellos nos cantan….futbol personajillos de las revistas de entrepiernas y vísceras etc etc.

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