Puerto Rico, la desconocida colonia

Son muchos los que piensan que Puerto Rico es un país caribeño más. Lo conocen por artistas que descienden de la isla como Ricky Martin y Jennifer López, quienes han logrado una fama mundial, gracias quizás a la salerosa herencia boricua. En cualquier caso, estas líneas aquí reunidas no pretenden hablar de ellos, sino dar a conocer la ignorada situación de una sociedad que no vive una auténtica independencia como país. A día de hoy, y desde 1952, Puerto Rico es definido oficialmente como un Estado Libre Asociado. Lo que se traduce en el escenario internacional actual como un territorio no incorporado de Estados Unidos, o utilizando un término del siglo pasado y que ahora parece quererse desterrar: una colonia.

 
Puerto Rico no es un Estado más de la federación que forman los Estados Unidos (a pesar de que el plebiscito celebrado en 2012 indicaba que la mayoría de los votantes prefería la opción de ser parte de EEUU). Sin embargo, comparte algunas características con los 50 Estados que componen este país, aunque también son varias las peculiaridades que le separan del gigante capitalista.  Por un lado, al ser Puerto Rico un Estado Libre Asociado, cuenta con la misma moneda, el dólar, y el mismo Jefe de Estado que su vecino del norte, Barack Obama. La dependencia de Estados Unidos también se extiende en los términos de Defensa, Relaciones Exteriores y Comercio. Buena muestra de ello es el reciente choque que han protagonizado Venezuela y Estados Unidos, al impedir este último que el avión del presidente venezolano, Nicolás Maduro, sobrevolara Puerto Rico, al considerarlo este territorio ‘espacio aéreo estadounidense’.

 
Desde 1917 los puertorriqueños son considerados ciudadanos estadounidenses, pero la realidad muestra que sus derechos, libertades y obligaciones difieren bastante de las sustentadas por un originario de Texas, por ejemplo. Un ciudadano de Puerto Rico puede votar en las elecciones de Estados Unidos (pues la soberanía reside en el Congreso estadounidense), pero solo desde su suelo. Es decir, necesita una residencia en cualquiera de los 50 Estados para poder estar empadronado y ejercer su derecho al voto en la cuestionable ‘mayor democracia del mundo’. La ambigüedad de esta ciudadanía también se observa en la constitución y sistema de gobierno que tiene Puerto Rico, una semidependencia que deja algunos asuntos internos en manos de las autoridades puertorriqueñas, la mayoría de las veces bajo la atenta mirada del norte.

Fuente: La Letra Carmesí en Flickr
Fuente: La Letra Carmesí en Flickr

De colonialismo español al colonialismo yanki

 
El problema del status de Puerto Rico se remonta a su tardía independencia del imperialismo español. Fue en 1898 cuando Estados Unidos hace su aparición en el país caribeño, aprovechando la confusión de los primeros momentos tras la retirada de los españoles y la cesión del territorio por parte de éstos. El escenario que se encuentra es totalmente heterogéneo; existe una división racial, social, económica y cultural. En esta primera etapa, tal como señala José Luis González en El País de Cuatro Pisos, Puerto Rico es una nación en formación. La disyuntiva entre acoger o no la llegada de los estadounidenses quedó patente tanto en la clase trabajadora como en la clase burguesa, propietaria.

 
Todos ellos que habían sido partidarios de echar del país a los españoles, optan en un primer momento por aceptar la invasión yanki. Los trabajadores creen que puede ser una buena oportunidad para ajustar cuentas con la clase propietaria, y ésta cree que podrá sacar tajada del sistema capitalista. Sin embargo, la realidad se muestra diferente y es cuando aparece el nacionalismo puertorriqueño.

 
Viajando de nuevo en el tiempo y regresando al siglo XXI, se puede observar que la realidad política de Puerto Rico mantiene cierta heterogeneidad. Por un lado, se encuentra el Partido Nuevo Progresista (PNP) quienes proponen que Puerto Rico pase a ser un Estado más dentro de la federación estadounidense. Bajo el lema ‘Estadidad es Igualdad’ muestran a los puertorriqueños los beneficios que les podría reportar la inclusión en EEUU, en su mayoría económicos, como una transferencia anual del Gobierno Federal de un mínimo de 48.000 millones de dólares (en la actualidad esta transferencia es de 20.000 millones, según datos del propio PNP).

 
Por otro lado, está el Partido Popular Democrático (PPD) que no se pronuncia claramente sobre la cuestión del status, pero que parece defender el modelo actual de Estado Libre Asociado. Sin embargo, este partido que ocupa el gobierno puertorriqueño, sí que parece ser partidario de tener una mayor independencia con respecto a Estados Unidos en términos de diplomacia y de tratados comerciales internacionales.

 
Por último, y sin menospreciar a otros partidos y movimientos políticos aquí no señalados dadas las limitaciones de este breve artículo periodístico, se halla el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) quien defiende la total independencia de Puerto Rico como país. Entre motivos económicos, políticos, sociales y comerciales, este partido resume la cuestión del status como: “La independencia significa, para los países, lo que para las personas adultas significa mandarse en su propia casa. Es la forma que prácticamente todos los pueblos del mundo han escogido para gobernarse a sí mismos y ser dueños de su propio destino. La independencia nos capacita para interactuar con el resto del mundo, con personalidad propia, a base de decisiones tomadas por nosotros mismos y no por un gobierno extranjero, o sin tener que pedir permiso”.

 
Esta teoría de la independencia se ve reforzada a la luz de algunas consecuencias que, según varios autores, ha traído la condición de Estado Libre Asociado a Puerto Rico, como son el desempleo, la despolitización, la irresponsabilidad cívica, la marginación, el incontrolable aumento de la delincuencia, la criminalidad importada…

 
Pero tal vez exista una razón más poderosa aún si cabe para abogar por la independencia de Puerto Rico, y ésta es que un país que se relaciona con otro desde una posición de inferioridad, sin igualdad de condiciones, de interlocutores y de derechos no es un país libre. Se puede llamar colonialismo, imperialismo, estado libre asociado, semidependencia, commonwealth… pero la libertad es solo una y es aquella que deja decidir a los propios habitantes de un territorio su destino.

 

Ruth García Hernández

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s