OLIMPIADAS: “CARA B”

Esta noche el Comité Olímpico Internacional (COI) decidirá, por fin, la ciudad que acogerá los juegos olímpicos de 2020. Tal evento aportará a la cuidad “afortunada” algo más que grandes estadios, fuegos artificiales y un aluvión de turistas. Y ya que Madrid insiste en seguir siendo una fiel candidata al premio, mi trabajo de hoy consiste en que conozcáis algunas de las consecuencias no tan bonitas y patrióticas de dicho evento.

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Sin más dilaciones, empecemos claro. Las Olimpiadas son, es verdad, una oportunidad para el crecimiento económico: nuevas y gigantescas infraestructuras, inversiones inmobiliarias, remodelaciones urbanas…¿pero que pasa con los costes sociales que conlleva un evento de tal calibre? En pro de la comercialización de las ciudades estos eventos deportivos (y más cosas) obedecen a los intereses del capital privado. Algunos ejemplos los tenemos en las ya construidas infraestructuras como la Caja Mágica, uno de los llamados “elefantes blancos” del gobierno de Gallardón por sus altos costes de mantenimiento, en el que se tendrían que invertir 5,2 millones más para su acondicionamiento para la cita olímpica. El coste de su construcción, a cargo de FCC, triplicó los 100 millones de euros de su presupuesto inicial, y sus puertas, una vez termina la semana que dura el Open de Tenis Masters, rara vez se abren. O el Madrid Arena, construido para la candidatura Madrid 2012 con un coste de 100 millones de euros que se embolsaron las constructoras FCC, Ortiz, ACS y Dragados y en la que habría que invertir casi cinco millones de euros para alquiler y/o acondicionamiento. Pendientes de la decisión de hoy quedan otras grandes infraestructuras, todas ellas adjudicadas ya a cambio de beneficios fiscales para las empresas participantes.

Desde que se presentara a la candidatura de 2012, Madrid está haciendo una gran inversión para situarse en los flujos financieros internacionales y como ciudad de acogida competitiva de unas olimpiadas, y sus consecuencias aún se están pagando: La deuda municipal madrileña asciende a los 7.500 millones de euros, sin obviar que la mayoría de las infraestructuras tienen un uso residual y generan un déficit anual impresionante. Mientras, se privatiza la gestión de casi todos los polideportivos, en los que se encarecen los precios y empeoran los servicios. C´est Madrid.

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En estos eventos deportivos (podríamos hablar también de Mundiales, Copas del Mundo, etc. ,etc.) además de lo señalado, se llevan a cabo campañas para criminalizar y luego esconder a la población más desfavorecida. Según el Informe del Centro de Derechos de Vivienda y Desalojos (COHRE) entre 1998 y 2008 al menos 4 millones de personas fueron desalojadas de sus hogares en todo el mundo debido a la celebración de los Juegos Olímpicos. En Brasil, a un año de que se celebre el mundial de fútbol, unas 200.000 personas de barrios pobres están bajo amenaza de desalojo.

Raquel Rolnik, relatora de la ONU sobre el Derecho de una Vivienda Adecuada ya alertó hace unos días sobre el desalojo forzado que sufren miles de familias en Brasil afectadas tanto por el próximo mundial, como por las olimpiadas o la pasada copa Confederaciones. Rolnik expresó su preocupación por la falta de diálogo y de una negociación justa con las comunidades que sufren las consecuencias de estos eventos ya que no sólo se lleva a cabo una “limpieza urbana” o una “higienización de la pobreza” alejando a la periferia a la población más desfavorecida, sino que existen numerosos efectos negativos como son el aumento del precio de la propiedad, el aumento de los alquileres, la disminución de las políticas de vivienda social, la degradación de los espacios verdes, etc., etc. Sólo en China, 1,5 millones de personas fueron desplazadas debido a la celebración de las Olimpiadas, igualmente en Vancouver o Río de Janeiro, donde se produjeron, además, demoliciones masivas de viviendas sociales para construir hoteles, centros comerciales o majestuosas instalaciones deportivas.

Otros datos más que interesantes, y a veces ignorados por la prensa son Montreal o Brasil. El primero terminó de pagar en 2006 las deudas de los juegos de 1976, en cuanto a Brasil su capacidad de endeudamiento será flexibilizada, un municipio podrá endeudarse para construir un estadio pero no para efectuar obras en la red de saneamiento –en un país donde el 45% de los hogares carecen de acceso a un sistema de saneamiento digno–. ¿Espíritu olímpico o negocio? Ahí queda eso.

Mariu Berruezo

 

 

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