El medio ambiente y la crisis silenciada

Hablamos de crisis cuando nos referimos a la época histórica actual, a los días que atravesamos. Lo curioso de esta palabra es que se utiliza indistintamente en plural y en singular. Quizás es esa cualidad tan curiosa la que nos lleva a focalizarnos en ocasiones demasiado en un tipo de crisis (por ejemplo, la económica) y dejar de lado otras ni mucho menos de poca importancia.

De todas las crisis que sufrimos –que no son pocas- hoy vamos a reflexionar sobre la que es, desde mi punto de vista, la más importante de todas: la crisis medioambiental.

Entiéndase que no se trata de restar importancia a la política, a la crisis sistémica, a la de valores. Simplemente es que ninguna crisis tiene cabida en un planeta yerto, arrasado por un uso abusivo de sus recursos. Nunca veremos un cambio de sistema político, ni una evolución histórica de nuestros valores sociales, si nos seguimos dedicando a envenenar el planeta que es nuestro hogar: el único que puede serlo.

Los problemas

El impacto medioambiental del ser humano sobre la tierra es indiscutiblemente negativo. Actualmente son muchos los procesos perjudiciales para diferentes aspectos de la vida en la Tierra que no son controlados o no con suficiente contundencia.

Uno de los grandes problemas de nuestra era es el CO2, un gas capaz de destruir nuestra atmósfera y que sale por nuestros tubos de escape constantemente sin que nadie renuncie así como así a tener un coche si es que se lo puede permitir. La industria acompaña al transporte como principales emisores de este gas, que aunque todo el mundo conoce precisamente por sus negros augurios, pocos parecen entender que su presencia en aumento puede costarnos la vida, y nadie legisla –en serio- contra las emisiones que, por otra parte, son la base del monstruoso desarrollo material al que tanto nos hemos acostumbrado.

Las emisiones globales de C02 se incrementaron en torno a un 2,6% en 2012, según el último informe del Global Carbon Project de la Universidad de East Anglia. Tal dato significa que la quema de combustibles fósiles está un 58% por encima de los niveles de 1990, y que ningún protocolo internacional ha conseguido concienciar de la importancia de las alternativas.

El cambio climático es el resultado de siglos de polución en la era postindustrial. Hemos vertido más toxinas al aire en los últimos 50 años que en prácticamente todos los anteriores. El desarrollo económico ligado al consumismo extremo nos ha llevado al punto en el que estamos.

No solo el aire es tóxico a nuestro alrededor. Nuestros bosques también pagan las consecuencias de estilos de vida desorbitados y lamentablemente demasiado extendidos. Cada año se pierden porciones de bosque -en términos globales- equivalentes a la superficie de Costa Rica, según datos de Greenpeace. Los árboles purifican el aire, nosotros los destruimos a la vez que contaminamos más aún la atmósfera: cualquiera que utilice un poco de lógica ve que en esta ecuación el resultado no es bueno.

El agua, otro de nuestros elementos más vitales, es también el recurso natural más amenazado por la mano del hombre. Durante décadas hemos vertido sin control cientos de sustancias tóxicas a nuestras aguas sin ningún control, y lo más sorprendente es que aún se dan casos. La recuperación de los ecosistemas acuáticos afectados es muy difícil, e imposible en muchos casos. Solo cortando de raíz los vertidos tendríamos alguna posibilidad de recuperar parte de los recursos hídricos perdidos.

 

Qué puedo hacer yo

No podemos fabricar agua, ni aire respirable, ni árboles frondosos que den de la noche a la mañana oxígeno para limpiar nuestros desperfectos atmosféricos. No podemos. La única solución es la concienciación y el respeto escrupuloso hacia el medio ambiente para conseguir mejorar lo que hemos destrozado. La acción debe ser rápida y sin excusas, pues el tiempo juega en nuestra contra.

Nuestra casa es el principal foco de contaminación que podemos controlar en muy alta medida, solo se trata de interiorizar los siguientes preceptos:

Ni una gota de agua desaprovechada:

Date duchas de menos de cinco minutos, y cierra el grifo mientras te enjabonas.

Instala cisternas interrumpibles, o introduce una botella de arena en su interior para que no descargue todos los litros de su capacidad. Si la botella es de dos litros, son dos litros menos que se van por el desagüe. Por cierto, el WC no es una papelera.

Utiliza el lavavajillas lleno y en programa rápido. Si friegas al estilo tradicional, hazlo enjuagando en un barreño, no con el grifo abierto.

Riega las plantas por la noche, cuando la evaporación es menor y aprovechan más el agua.

Que el grifo no corra nunca injustificadamente, bajo ninguna circunstancia.

Emisiones, las justas

Utiliza el coche solo lo imprescindible, el aire acondicionado solo en carretera y por encima de los 21 grados. A más potencia del aire, más quema de combustible.

Pásate a la bicicleta para tus trayectos cortos por ciudad, no solo es ecológico sino que haces deporte.

Pon la calefacción con moderación, apágala por la noche y ventila la casa durante solo cinco minutos para mantener el mayor calor posible dentro de la vivienda sin subir el termostato.

Reduce al máximo el consumo de plásticos: tanto su producción como la gestión de sus residuos es una de las industrias más contaminantes.

 

Compra con la cabeza

Selecciona los productos con menor cantidad de embalaje, y que preferiblemente no sea plástico.

Opta por productos locales, con menos emisiones por transporte y favorables al desarrollo local.

Opta por la pesca y la ganadería ecológica: por respeto al animal, por la correcta regeneración de su hábitat en el caso del mar, y por las tremendas cantidades de emisiones que la ganadería industrial provoca. En definitiva, por la sostenibilidad.

Recicla en origen: separa lo reciclable en cuanto la compra esté en tu casa, reduce los residuos al máximo intentando reutilizar todo lo que sea posible (internet es un filón de creatividad en este sentido).

Lleva tus bolsas de tela al súper. Jubila sin condiciones a las de plástico y recházalas en los establecimientos.

Los productos de agricultura ecológica son mejores para tí y para el medio ambiente en que se cultivan, así como para el agua implicada en su producción y para la gestión de sus resíduos.

El cambio debe nacer de nosotros mismos, y debemos ser intransigentes desde nuestro propio hogar. Porque queremos un planeta habitable para todas las especies, y porque entendemos la responsabilidad que tenemos ante el planeta, vamos a cambiar nuestra forma de vivir, para cambiar nuestra manera de ver la vida.

Alba Sánchez

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2 pensamientos en “El medio ambiente y la crisis silenciada”

  1. Estupendos consejos espero que la gente que lo lea lo hagamos,yo lo intento y consigo muchas veces.
    Tal vez suene a tópico pero nos va en ello (creo que lo estamos pagando)nos va o al menos pensar si nuestro egoísmo lo permite en las generaciones que vienen.El planeta no es propiedad de nadie.Sólo somos casuales inquilinos.

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