Voz y Libertad

Porque en los tiempos que corren el oficio de periodista sigue siendo una profesión de alto riesgo en la mayor parte del mundo (aunque en muchos sitios esto se quiera disfrazar) y porque un derecho básico para el ser humano es la libertad de información, se reúnen aquí y ahora estas palabras.

 

La libertad de prensa sigue siendo un reto a conseguir en este siglo XXI, son muchos los países donde los informadores no pueden realizar su labor libremente, sin ningún tipo de presiones, incluso en esos Estados que se autoproclaman orgullosamente  democráticos. Estos mismos países, potencias mundiales en venta de armamento y fortunas particulares, no dudan en señalar a otras naciones como instigadoras de la libre información. Y la realidad es que tanto unos como otros hacen un flaco favor a los derechos de informar y de estar informado.

 

Según informa la organización Reporteros Sin Fronteras en su informe ‘Predators of Freedom Information in 2013’, en el mundo actual existen 39 líderes, gobiernos, milicias u organizaciones criminales que amenazan la libertad de los informadores en todo el mundo. En esta larga lista destacan nombres como el presidente de Cuba, Raúl Castro, el mandatario sirio, Bashar Al-Assad, la milicia islamista Al-Shabaab que actúa en Somalia, el presidente de Rusia, Vladimir Putin o el mandatario norcoreano, Kim Jong-Un. Cada uno de los acusados por la organización, quien argumenta con hechos cada una de las denuncias, atenta de alguna manera contra la libertad de expresión en sus territorios, dificultando o haciendo casi imposible la labor de los informadores nacionales y/o extranjeros. Sin embargo, a la luz de los últimos hechos acontecidos parece que este informe se queda corto y desactualizado.

 

Los otros depredadores

Existen otros muchos depredadores de la libertad de expresión en el mundo actual. Presidentes, gobiernos y distintos poderes que no dudan en autodenominarse ‘democráticos’ y ‘tolerantes’, cuando sus actuaciones no hacen más que demostrar lo contrario. No hay que irse muy lejos, en territorio español (cuyo presidente ha innovado las ruedas de prensa con la plasma-conferencia) han sido varios los informadores gráficos que se han visto agredidos o detenidos al cubrir manifestaciones en distintas ciudades. El caso más sonado ha sido el de Raúl Capín y Adolfo Luján, dos fotógrafos que fueron detenidos en sus domicilios tras capturar las imágenes de actos violentos en manifestaciones, en las que supuestamente aparecerían como encapuchados miembros del Cuerpo Nacional de Policía.

 

Los reporteros gráficos, puestos en libertad posteriormente, fueron  acusados en su momento de agredir a la policía. Sin embargo, según ellos mismos relatan, el interrogatorio al que fueron sometidos se basaba en las imágenes tomadas y quién aparecía en ellas, lo que muestra una preocupación extrema e irracional por parte de las fuerzas de seguridad, quienes se suponen no cometen ningún delito durante sus cargas contra los manifestantes. Mientras esto ocurre, las principales asociaciones de periodistas en España permanecen calladas, a la espera de más información o una resolución judicial. El miedo y la seguridad son opciones por las que muchos se decantan en detrimento de la libertad, no la suya propia, sino la libertad de la sociedad en su conjunto.

 

Siguiendo esta línea de falsa libertad informativa en España, están los casos de los principales diarios de información general y cadenas de televisión (públicas y privadas) que a la hora de ofrecer los hechos, la verdad objetiva, sobre lo ocurrido con casos de corrupción, Casa Real, partidos políticos, sindicatos y empresas multinacionales; prefieren seguir las directrices de la dirección que tienen que ver más con los intereses personales y empresariales que con la profesión periodística. Esto no es Periodismo, por mucho que algunos pretendan en disfrazarlo como tal.

 

Sin embargo, este fenómeno que atenta contra la profesión y la libertad de expresión no es algo único y patrio. Fuera de las fronteras españolas se tienen otros ejemplos, como el imperio de medios de comunicación del ex primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, quien no ha dudado ni duda en usar sus programas y publicaciones de máxima audiencia tanto para defenderse de sus causas judiciales como para beneficiar a su formación política de turno. Pero quizás el caso más llamativo y peligroso parece ser el atentado contra la libertad de expresión que ha cometido y seguramente sigue cometiendo Estados Unidos.

 

Una de las mayores potencias del mundo, con un gobierno que gracias a la figura y el carisma mediático de su presidente, Barack Obama, se ha ganado especialmente la atención del público internacional; ha sido acusado de cometer uno de los mayores casos de espionaje de la historia. Una de las más importantes agencias de noticias del mundo, Associated Press (AP), ha sido espiada por los servicios estadounidenses de la CIA. Pero no solo estos periodistas han visto como la gran Agencia les ponía en su punto de mira, los casos de espionaje han ido más lejos y según ha revelado el ex agente de la CIA, Edward Snowden, Estados Unidos también ha estado espiando a la Unión Europea, a Naciones Unidas y a 38 Embajadas de otros países.

 

El atentado contra no solo la libertad de información, sino contra libertades y derechos fundamentales ya está cometido. Pero lejos de enmendarse del error, el gobierno de Estados Unidos se defiende con el ya rancio argumento de la seguridad nacional y persigue por todo el mundo, cual loco obsesionado, al origen de sus problemas: la fuente que ha revelado tal información. Como sucediera con el soldado Bradley Manning (en pleno juicio militar por revelar informaciones secretas y violaciones de derechos humanos cometidas por el Ejército estadounidense, veáse Collateral Murder Iraq) o Julian Assange, fundador de Wikileaks, el medio que ha filtrado todos los cables diplomáticos estadounidenses, Edward Snowden se ha convertido en el objetivo del gobierno Obama.

 

Que algún país otorgue asilo a este hombre es su única esperanza, porque si EEUU le captura su destino será terrible. Tal vez no se dé a conocer, como está ocurriendo con Manning, pero es fácil adivinar que será parecido al de cualquier reo en los países denominados dictatoriales o no democráticos. Pero es Estados Unidos el país de la mal llamada libertad, así que seguramente una cortina de ‘nosotros, los salvadores del mundo’ distraerá la atención de estos crímenes que pasarán factura a la Humanidad.

 

Y así la libertad de información y el derecho a estar informado serán una realidad ficticia, un sueño de verano, pues mientras en los países autoproclamados como democráticos se dedican a señalar con el dedo las injusticias cometidas en otros rincones del mundo, el silencioso yugo de la falsa seguridad va ahogando poco a poco nuestra libertad.

 

Ruth García Hernández

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