Lacras contra el desarrollo: el trabajo infantil

De nuevo Occidente lidera a nivel planetario uno de esos días internacionales que deben ser jornadas de reflexión e implicación en una problemática humana y global. En el caso del día 12 de junio es la ocasión de reivindicar que el trabajo infantil sigue siendo una sangrante realidad en demasiadas zonas del mundo. No es una celebración, pero es una excusa para volver a hacer el ejercicio de mirar más allá de nuestras narices.

En los países que nos hacemos llamar desarrollados asociamos en trabajo infantil al mundo del espectáculo, donde es legal, e incluso deseable para algunos convertir a tu pequeño en una estrella mediática que compagina estudios con tutores particulares con una exitosa carrera que por supuesto lucra sobradamente a toda la familia. Lamentablemente estos casos son patéticamente representativos de la realidad a la que se enfrentan millones de niños todos los días en países del Sur: trabajo doméstico, agrícola, minero, y en el peor de los casos, reclutamientos militares o prostitución forzada.

Papel mojado

La Convención de Naciones Unidas sobre Derechos del Niño ha sido ratificada universalmente, pero nuevamente del dicho al hecho hay un abismo. Esta Convención establece que todos los niños del mundo tienen derecho a ser protegidos contra el desempeño de cualquier trabajo potencialmente peligroso o que entorpezca su educación, implique riesgos para su salud o desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

El derecho a al educación no es algo anecdótico, es una garantía recogida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero parece que esta Carta demasiadas veces se queda en una mera declaración de intenciones sin mayor repercusión, para perjuicio del más débil. Siempre del más débil.

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Según datos de UNICEF, se estima que 150 millones de niños de países en vías de desarrollo de 5 a 14 años están involucrados en el trabajo infantil. La cifra supone el 16% de todos los niños de este grupo de edad. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo –referente de la defensa mundial de los derechos de los trabajadores- calcula que en torno a 215 millones de niños menores de 18 años trabajan en todo el mundo, muchos a tiempo completo.

África se sitúa en el centro de la polémica: allí uno de cada cuatro niños de 5 a 17 años trabaja, la cifra si sitúa en uno de cada ocho en Asia-Pacífico, y en uno de cada diez en Latinoamérica. La mitad de los niños trabajadores del mundo trabajan en jornadas de más de nueve horas diarias, y cuatro quintas partes de ellos trabajan siete días a la semana, sin descanso alguno. Como es esperable, la OIT afirma que los pequeños declaran vivir muchas tensiones en su trabajo y llegar agotados a casa.

En la Cumbre 2010 por los Objetivos de Desarrollo del Milenio se concluyó que el Trabajo Infantil refuerza los ciclos de pobreza intergeneracionales, socava las economías nacionales, e impide el avance hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo. Además de causa, es consecuencia de las desigualdades sociales y la discriminación: los niños de castas sociales más bajas o de pueblos indígenas son los que en más ocasiones se ven obligados a abandonar los estudios para trabajar.

La cara más oscura

La OIT ha declarado en sus informes sobre trabajo infantil que cuatro de cada cinco niños trabajan sin remuneración o con remuneraciones muy por debajo de las cantidades predominantes en la zona. En demasiadas ocasiones hacen horas extra o se les exige hacerlas cuando hay mucha demanda o escasez de la mano de obra. Según sus encuestas, cuanto más pequeño es el trabajador, más bajo es el salario que percibe, y la media de salarios se encontraba a principios del milenio en la sexta parte del salario mínimo: siendo uno de los Objetivos del Milenio la erradicación del trabajo infantil, no cabe duda de que hay un potente trabajo por delante que no podemos ignorar.

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En los casos más extremos de trabajo infantil encontramos la cruenta realidad de los niños-soldado. Menores reclutados para formar parte de grupos armados de diferentes tipos, y niñas secuestradas con fines sexuales se incluyen en esta terrible categoría según amnistía Internacional. La organización afirma que no hay cifras exactas de tal barbarie,  pero se confirma que en 2012 se reclutaron niños en diecisiete países: Afganistán, República democrática del Congo, Mali o Yemen entre otros.

La prostitución es otro de los destinos de los menos afortunados. Según la Organización Humaniun por los derechos del niño se calcula que en torno a tres millones de niños y niñas en todo el mundo forman parte del mercado del sexo en países en vías de desarrollo de los que, recordemos, los principales clientes no son nacionales sino turistas sexuales venidos de nuestro mundo “desarrollado”.

Sin embargo, seguimos mirando hacia otro lado, seguimos calzando zapatillas cosidas por menores explotados en las fabricas de nuestras marcas favoritas como Nike o Adidas, seguimos sin plantar cara a un problema planetario cuya solución está en las manos de todos: educar para el desarrollo en los países que tienen ésta práctica como un aspecto casi cultural, y boicotear los productos que vengan del trabajo infantil en Occidente pueden ser el principio de la solución.

Aquí no hay excusas ni tradiciones que valgan: la vida de un niño del Sur no vale más que la de uno occidental, y los derechos a defender con prioridad deben ser siempre los de los más débiles. Tomemos conciencia, por los niños del mundo, por la sociedad del mañana.

Alba Sánchez Serradilla

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Un pensamiento en “Lacras contra el desarrollo: el trabajo infantil”

  1. Me cuesta creer que los humanos seamos así,que haya malnacidos que vivan de esta lacra repugnante.
    Alguien lo dijo “cuanto más conozco al ser humano más admiro a mi perro” pero no basta con sentirlo o lamentarlo.Podemos hacer algo y ,debemos hacerlo.Como dice la periodista que ha escrito esta denuncia,por ejemplo:no comprar marcas de dudosa prcedencia y quizás las que no lo sean.Y divulgarlo, no callarlo ante nada ni nadie
    Juntos podemos, yo os animo a no ser parte de esa locura.

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