Causas olvidadas: la ablación

La ablación o mutilación genital femenina consiste en la escisión de la totalidad o parte de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Su incidencia mayoritaria tiene lugar en el África Subsahariana, Medio Oriente y algunas zonas de Asia.

Esta brutal práctica no es sino el extremo de la desigualdad entre sexos, que implica la violación de varios derechos para la niña que es mutilada. Unicef contabiliza entre los derechos violados por esta práctica el derecho a la igualdad de oportunidades, a la salud, a la lucha contra la violencia, el daño, el maltrato, la tortura y el trato cruel, inhumano y degradante; el derecho a la protección frente a prácticas tradicionales peligrosas y el derecho a decidir acerca de la propia reproducción. Todos ellos reconocidos protegidos por el Derecho internacional.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud sobre esta práctica son realmente alarmantes: alrededor de ciento cuarenta millones (más de tres veces la población total de España) de mujeres y niñas sufren actualmente las consecuencias de la mutilación, que son muchas y de por vida. Entre estas alteraciones puede darse: hemorragias graves durante el ritual y a posteriori, problemas urinarios, quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones en el parto (con un considerable aumento del riesgo de muerte para el recién nacido). Al respecto de ésta brutal práctica la OMS es muy concisa: en “no aporta ningún beneficio a la salud, solo daño”.

El momento del ritual es de una dureza extrema. En la mayoría de los casos tiene lugar entre la lactancia y los quince años de las niñas. Waris Dirie, supermodelo internacionalmente conocida de origen Somalí, relata su cruenta experiencia en su libro Flor del desierto: “Cuando no era más alta que una cabra, mi madre me sujetó mientras una anciana me seccionaba el clítoris y la parte interna de la vagina y cosía la herida. No dejó más que una minúscula abertura, del tamaño de la cabeza de una cerilla, para orinar y menstruar”. La forma de mutilación que sufrió Dirie fue la infibulación, pero no es la única. La OMS reconoce cuatro tipos entre los que se encuentran:

• Clitoridectomía:
resección parcial o total del clítoris y en casos muy infrecuentes, solo del prepucio (pliegue de piel que rodea el clítoris).
Excisión: resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin excisión de los labios mayores.
Infibulación: estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello mediante el corte y la recolocación de los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris.
Otros: todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital.

Todo ello con las medidas higiénicas más paupérrimas que se puedan imaginar: cuchillas oxidadas, espinas, agujas de costura sin la esterilización más básica, etcétera. Dirie sobrevivió, pero no son pocos los casos en los que el shock neurogénico por el intenso dolor que soportan sin anestesia alguna conduce a las pequeñas al coma o la muerte. Pese a todo, esta práctica sigue dándose en al menos cuarenta países del mundo, y teniendo cierta incidencia en comunidades inmigrantes en otras zonas.

Tanto dolor, ¿para qué?

Entre los diferentes motivos que se recogen para explicar lo inexplicable, Unicef expone que los más comunes son:

Sexuales: porque hay que mitigar el deseo sexual de la mujer, o al menos controlarlo
Sociológicos: como rito de iniciación de la niña en la edad adulta, en aras de su integración social.
Higiénico-estéticos: porque consideran que los órganos genitales femeninos son sucios, antiestéticos, impuros.
Reproductivos: creen que aumenta la fertilidad y hace más seguro el parto.
Religiosos: debido a la generalizada creencia –que por cierto, también es errónea- de que la ablación es un precepto religioso comparable a la circuncisión.

Es evidente que la mayoría de las justificaciones que se hacen al respecto de la ablación no son sino fruto de una profunda ignorancia de sus consecuencias. Es absurdo seguir justificándolo, por ejemplo, por causas sanitarias relacionadas con facilitar el parto, cuando hay un acuerdo sanitario generalizado y médicamente justificado de que los efectos reales implican todo lo contrario: mujeres que pierden a sus hijos en el parto o su propia vida, fruto de la deformación del canal o de la apertura vaginal.

Ante estas circunstancias, la información es clave para luchar contra un problema tan grave. Las campañas comunicativas por las áreas de riesgo, la proposición de rituales de iniciación social alternativos que no supongan la mutilación de la niña, la educación sexual como base del entendimiento entre sexos. Todo ello potenciado desde todas las instancias necesarias, tratándose como lo que es: una emergencia internacional.

Sin embargo, la ablación genital femenina parece ser uno de esos escabrosos temas de los que Occidente prefiere ocuparse lo justo, sin grandes portadas ni titulares, dejando el asunto en manos de ONG a la vez que se recorta en cooperación internacional (España es buen ejemplo de ello). Reuniéndose en grandes cumbres de vez en cuando para debatir y debatir, mientras miles de niñas siguen siendo mutiladas ese mismo día, mientras dura la reunión, en algún punto del mundo. No es asunto exclusivo de los países de incidencia el que no se realice una mutilación más: la sensibilización de occidente al respecto es básica para exigir cambios en una tradición a veces demasiado arraigada.¿Cómo podremos hablar de ningún tipo de desarrollo social mientras siga habiendo una mujer mutilada, o una niña camino de serlo, en pleno siglo XXI?

Alba Sánchez

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2 pensamientos en “Causas olvidadas: la ablación”

  1. Una practica repugnante en nombre de no se que.La opresión al extremo.Ante tanta lacra yo me pregunto¿conseguiremos vivir algún dia los humanosen armonia y bienestar para todos incluidos los animales y la naturaleza o esto es un tunel oscuro y la luz está después de la muerte?

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